Grietas y muros buscando un futuro seguro

Opinion 04 de julio Por
Monseñor Sanchez Sorondo, obispo argentino que desde hacia varias décadas sirve en Roma a la Iglesia de todo el mundo, dijo que Francisco no viene a la Argentina para no ampliar más la grieta, yo creo que es para no caerse dentro de la misma.
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Dentro de los problemas reales y de los que nos creamos fantiosa o mediaticamente, hoy esta la tan mentada grieta donde los de la década pasada dicen que la inventó el macrismo y los macristas dicen que es parte de la pesada herencia. Lo cierto es que siempre hubo grieta en nuestra Patria, nacimos de una grieta que comenzó en España y aprovechamos para emerger como Nación y ahí nomás comenzamos a cabar una nueva, una nueva con el sello de industria argentina.  La iglesia también tiene las suyas, desde las peleas entre Pedro y Pablo por la interpretación del mensaje de Jesús y los destinatarios del mismo, hasta nuestros días, pasando por el cisma de oriente, la reforma protestante, los nuevos aires del Concilio Vaticano II, la teología de la liberación, un Papa que vino de lejos, otro que vive en Italia, pero era alemán, y uno que trajeron del fin del mundo y lo sentaron en el sillón de San Pedro.  

Grieta hubo siempre y lo habrá mientras haya seres humanos sobre la tierra. Las grietas no se cierran fácilmente. Las construimos como formas de defensa a lo que diferente. Construimos muros o cabamos grietas. En la época feudal, el amo y señor hacía cabar, alrededor de su palacio,  grandes grietas que eran llenadas con agua y se colocaban animales feroces, reales o imaginarios, para evitar el desborde de los plebeyos y asegurar sus posesiones y sobre todo, su seguridad. Esta realidad no ha cambiado mucho. Construimos muros, no los de México o de España. Muros en los barrios, muros reales en los countries, muros imaginarios en la barriada, colocamos monstruos entre la gente poniéndo carteles de peligrosos a quienes queremos dejar fuera de la grieta, o simplemente empujarlo del otro lado. Colocamos muros y grietas hasta en los transportes públicos y en los lugares de trabajo. Ponemos muros en el corazón y en las grietas colocamos monstruos y fantasmas de miedos. Ya no es sólo un fenómeno urbano. Es una realidad cotidiana. Rótulos, desprecios, silencios, distancias, en cada espacio de las relaciones humanas. Lo hemos naturalizado tanto que los hacemos de modo instintivo y casi sin quererlo.

No hemos entendido el mensaje del Evangelio de Cristo, “que todos sean uno”. Por eso nos cuesta entender al Papa Francisco, y tal vez nos gustaría que nos diga de qué lado de la grieta o del muro está ubicado él.

La sociedad va caminando hacia la soledad existencial. Vamos perdiendo la capacidad de diálogo, de conversar, de discutir, de intercambiar ideas y criterios, pero sobre todo vamos perdiendo la capacidad de escuchar. Todos queremos hablar y nadie quiere escuchar, todos queremos imponer y nadie quiere razonar. Reconstruir el tejido social de la unidad en la diversidad requiere de la concordia, la sintonía de los corazones, que seamos capaces de superar una visión egoísta y mezquina para tender puentes en la palabra y en la escucha. Las grietas seguiran estando, primero los puentes, desterrando los monstruos de la desconfianza, de la sospecha, de la descalificación ligera y superficial del otro. Luego, rellenaremos de misercordia y confianza las innecesarias grietas de nuestro suelo. Tolerancia y respeto por el pensamiento ajeno, más allá de nuestros pequeños y mezquinos intereses. El mensaje de Francisco no es  comprendido porque no entendemos el evangelio de Cristo, que tendió el mayor puente de amor entre Dios y los hombres con su vida, muerte y resurrección. Nadie se salva solo. Y los graves problemas que afectan a la sociedad en este tiempo histórico tienen en la base autores, gestores y activistas que saltan las grietas y atraviesan los muros, y ellos son el odio, la violencia, el narcotráfico, la trata y la corrupción que arrastra a diario a la miseria a miles de hermanos nuestros. Es necesario volver a ser cordiales y dialogar y buscar nuevas formas de mejorar la calidad de vida de todos, los pobres y los ricos, los que situan dentro del muro y los que están afuera, es necesario tender puentes. Es imperioso tender puentes.

El Papa Francisco va a regresar muy pronto a su amada tierra argentina. Hagamos el esfuerzo por entender su mensaje.  Nadie es profeta en su tierra, pero el Papa ya no nos pertenece, es el guía de miles de millones de católicos y un gran lider religioso y moral para el mundo. Pero a la vez, es nuestro, nació en el corazón de nuestra Patria. Ninguna grieta se cierra de modo definitivo, se trata de caminar sobre ellas y tender puentes para llegar a la unidad, y créanlo realmente que hoy, no hay ningún muro que de seguridad al futuro de la humanidad, sólo conducen a la soledad y al aislamiento y la miseria.

Felipe Hipólito Medina

Lic. en Ciencias Religiosas

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