El Milagro y Después

Opinion 27/09/2016
Estamos llegando a fines de setiembre, el mes nueve de nuestro calendario. Hemos pasado agosto, con la esperanza de vivir un año más, según los dichos de la sabiduría popular. Seguimos esperando cambios en nuestra economía y en la situación general del país. Para los salteños pasó el tiempo del Milagro y quedaron atrás tantas emociones y fervores religiosos. Recuerdo una frase del poco recordado Monseñor Julio Blanchoud, anterior arzobispo de Salta, que decía: "ya pasó el 15 de setiembre, hoy es 16...y ahora, qué?!

Muchos de los que fuimos a rezar la novena a la Catedral o caminamos en la procesión con el Señor y la Virgen del Milagro, o los que usamos el celular para rezar la novena con una nueva aplicación, hicimos, pronunciados o no, una serie de pedidos, suplicas, promesas y propósitos, que por general, son víctimas de la rutina, que enfría o mata toda buena intención, incluso el amor.

Antes de terminar setiembre sería bueno hacer un alto en la jornada y repensar todos los deseos y propósitos del tiempo del Milagro y re direccionar nuestras vidas para lograrlo, esperando de Dios todo, pero haciendo de nuestra parte lo necesario.

Entre otras cosas, Monseñor Cargnello nos invitaba a vivir el año de la misericordia, en una síntesis que nos plantea no hacer a otros lo que no queremos para nosotros, y aprender a estar pendiente de las necesidades de los más pobres, mensaje que va dirigido no solo a la gran masa del pueblo, sino de modo especial a las autoridades políticas y sociales que caminaban custodiados detrás de las imágenes de los patronos tutelares con fuertes cordones de diversas fuerzas de seguridad.

“Ser misericordiosos como el Padre traza un programa de vida que nos llama a mirar al hermano y descubrir los sufrimientos que existen a nuestro alrededor; a vendar las heridas de los que se han debilitado hasta perder la voz”, señaló. 

Quizás este sería un buen programa de vida, o al menos buenas intensiones hasta fin de año, en acciones concretas, porque hay demasiado verso suelto y como decía Santa Teresa de Ávila: "el infierno está empedrado de buenas intensiones",  ya sean de los dirigentes políticos o de los simples peregrinos.

Otro aspecto que destacó, el arzobispo, es "la necesidad de comprometerse como ciudadanos para construir cada día la casa común. Una casa que nos incluya, que tenga el calor del hogar y el olor y el gusto de la vida familiar"

Esta afirmación que parece poética, nos plantea un cambio de perspectiva en la construcción del poder público. Lo decimos, lo pensamos, lo reclamamos, pero, aún tenemos la concepción del cacicazgo, esto de que necesitamos un líder fuerte, y el planteo de la iglesia y de la democracia es que el "dirigente", el que dirige gente, es quien  sostiene la direccionalidad, previamente concebida y asumida por toda una comunidad. El lugar del que manda-mandando es ocupado por el que manda-obedeciendo (el mandato de la comunidad formulado en asamblea). El gran conductor, en este concepto de ciudadanía es reemplazado por el generador de opciones -de mayor participación, cogestión, interacción- en un proyecto comunitario de liberación.

El 16 de setiembre, después del Milagro deberíamos estar empeñados en hacer algo diferente. O seremos como tantas ciudades donde pasa de todo para que no pase nada. Y en Salta hay mucho por hacer, mucho por construir. Es tan linda que enamora, pero como dijo  un sacerdote español que pasó apenas una semana por estas tierras, "en este lugar...pasan cosas", tratando de entender algunas contradicciones a las que estamos acostumbrados.

Tenemos mucha tarea para después del Milagro y ya preparándonos para las fiestas de fin de año. cambios necesarios y ajustes para nuestras vidas. Seamos ciudadanos, participemos de la construcción de nuestra patria, de nuestra ciudad, de nuestro barrio. El hombre fue creado para la libertad y la felicidad, no para ir como oveja al matadero.

 

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