Oportunidad

Opinion 26 de septiembre de 2016
A razones meramente personales sin vinculación con cuestiones políticas remitió el ministro de Salud, Oscar Villa Nougués, la renuncia que presentó hoy a su cargo, que asumió el 11 de diciembre de 2013.
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La decisión -esperada por algunos, demandada por otros y supuesta por los más- deja para el análisis su oportunidad. Y ello así porque es casi una práctica política no cambiar de piloto en medio de la tormenta.

Sobre la cartera de Salud se ha desatado una tormenta, pese a que no hay ningún hecho nuevo sino que la sumatoria de circunstancias ha puesto sobre el tapete la debilidad de una gestión en un área vertebral del Ejecutivo Provincial. Por estos tiempos ya no se muestran las fotos sino que se exhibe la película de lo que ocurre en el sistema de la salud pública.

En una reunión realizada la semana pasada en la Cámara baja provincial, los diputados de varios departamentos le enrostraron las falencias en la prestación del servicio, que animó a muchos a anticipar su inminente alejamiento. El único hilo que lo mantenía unido a su cargo eran las declaraciones del gobernador Juan Manuel Urtubey, quien destacó que su permanencia o alejamiento dependía de su voluntad, como único titular de esa facultad.

Pero era un cuadro repetido. El propio Villa Nougués reemplazó a Néstor Enrique Heredia en medio de un tembladeral en el que la muerte de un niño de Isonza fue el pretexto para mostrar que ese hecho era posible en medio de una situación de carencias, que especialmente golpeaba al interior de la Provincia.

Ahora también hay niños muertos –en este caso por desnutrición- y lo que es más, otros 2 mil podrían morir por la misma razón. Faltan médicos, insumos, más inversión en infraestructura y ambulancias. Ya viene el tiempo estival y el dengue acecha, luego que hace meses provocara siete muertes en Orán.

El dimitente quiso tomar distancia de esos hechos, mejorar la imagen deformada por los golpes de la realidad y recuperar su prestigio dirigencial,  ya que hay una banca en la Cámara de Diputados que puede recuperar para cumplir un mandato que vence el próximo año.  Aunque es precisamente en ese cuerpo donde están sus críticos más severos, pese a que siempre hubo un seguimiento muy estricto de su gestión.

El que viene ya tiene un cuero curtido. Roque Mascarello fue ministro de Salud durante el gobierno de Juan Carlos Romero y durante su gestión también morían niños por desnutrición, como él mismo reconoció.

Como todo cambio, este también genera expectativas, particularmente porque transitará un camino que ya conoce.

Salta, 26 de septiembre de 2016

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