Cambios

Opinion 31 de agosto de 2016 Por
La desocupación es un problema irresoluto en la Provincia. Con o sin INDEC, las mediciones siempre colocaron a Salta entre los distritos más afectados.
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Indec

De allí que los esfuerzos gubernamentales son evidentes en la promoción de la creación de fuentes de trabajo y de apoyo al emprendedurismo. Sin ir más lejos, la intensa movilización que se registra en estos días en ámbitos de los Ejecutivos nacional, provincial y municipales apuntan a invertir ingentes recursos obtenidos por la vía del endeudamiento para encarar acciones que absorban mano de obra, además de desarrollar infraestructura social y productiva.

Los últimos datos son de la semana pasada y señalan que el índice de desempleo roza el 10%, guarismo que se duplica si lo que se analiza es la franja de la población juvenil. Ni hablar si la medición se centra en las mujeres.

Frente a ese panorama, se despliegan los recursos que tiene a mano el Estado ya que la actividad privada queda atada a las decisiones gubernamentales, particularmente en una economía deprimida como la salteña y con un perfil de escasa diversificación y baja envergadura empresaria.

Una de las decisiones de mayor porte fue adoptada en 2011, cuando se creó el Régimen de Compre y Contrate Trabajo Salteño. Con la ley respectiva se buscó promover oferentes y ofertas de bienes que potencien el trabajo y la producción local.

El ámbito de aplicación fue todo el espectro de organismos del Estado Provincial, incluyendo las Empresas y Sociedades del Estado, Sociedades Anónimas con participación estatal mayoritaria y Sociedades de Economía Mixta. A partir de esa norma quedaron obligadas a dar preferencia al origen local en la contratación de bienes, obras o servicios y en el otorgamiento de concesiones de obras o de servicios.

Si la evaluación de su eficacia es el índice de desocupación, podría asegurarse que no es suficiente, aún cuando el peso del Estado es innegable como demandante de bienes y servicios.

Ahora se encara otro intento, que se expresa en la incentivación de la compra de productos salteños, que integran una canasta alimenticia que se pondrá a la venta en un pequeño grupo de supermercados. Podría considerarse una prueba, cuya expansión y consolidación queda sujeta a la adhesión tanto de productores como expendedores.

Sabido es que la alimentación de las familias salteñas se integra con producción local en materia de frutas y verduras, algo de carne, lácteos y especies, además de bebidas, harinas y pastas que también reconoce ese origen. En ese orden, no habrá un impacto en la consolidación de empresas o de fuentes de trabajo. Pero sí es posible que haya un impacto cultural a través del cambio en la modalidad de compra, dando preferencia a las marcas salteñas y de venta, habilitando espacios para la provisión de esos productos.

Es tiempo de cambios, que pueden ser forzados por la necesidad de resolver los problemas de fondo.

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