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Opinion 22 de septiembre de 2016
Hoy Salta es sede de una cumbre nacional del PRO, el primer partido creado este siglo que logró imponer un Presidente de la Nación.  Efectivamente, Propuesta Republicana es un partido político argentino reconocido legalmente en 2005. Nació con el nombre de Compromiso para el Cambio y adoptó su nueva denominación en 2008.  
cumbre pro

El dato es significativo, no sólo por la eficiencia de su proceso de inserción sino porque le da a sus referentes elementos para una definición ideológica que muy pocos tienen en claro, aunque a la mayoría de sus votantes no importa. Pero es necesario saberlo para tener una idea aproximada de las medidas por venir durante los próximos tres años. Uno de sus principales referentes, el actual jefe de Gabinete Marcos Peña, suele indicar que el PRO es el partido argentino del siglo XXI por lo que no puede definirse por ideologías del siglo diecinueve, como las de izquierda o de la derecha.

 

También este partido bate el parche de la nueva política o destaca que la mayoría de sus militantes o dirigentes no vienen de la política, como si hacerlo fuese una condición comparable a la portación de un virus.  Esta insistencia sirve, sin embargo, para entender que en todo el mundo soplan vientos renovadores de prácticas que, en nombre de la política, son desviaciones éticas o abusos en el ejercicio del poder. Pero hay aspectos, como aquellos  que rozan principios e ideas, que deben ser permanentes porque integran los cimientos de construcciones sociales.

 

Ante la cercanía de un nuevo proceso electoral, nuevamente se agita el virtuosismo de la nueva política encarnada en formaciones, que no tienen un pasado que las vincule a los problemas seculares del país y que se  atribuyen a los partidos tradicionales. Sin embargo, estos partidos en no pocos casos son creados por políticos que tienen muchos años de militancia en otras agrupaciones, a las que no renuncian. De esta manera se configura un panorama en que ni todo lo nuevo es tan nuevo, ni todo lo viejo debe ser descartado por serlo, sin valorar sus méritos, vigencia o validez.

 

Es la ciudadanía la que va construir la nueva política. Será consecuencia de un proceso natural, por la incorporación de las nuevas generaciones que ya están actuando y, fundamentalmente, ya están votando. Pero también de un proceso cívico de elaboración de la historia institucional reciente, del que participan argentinos que vivieron etapas dictatoriales y los que nacieron y crecieron en democracia.

 

Cualquier otra enunciación de nueva política que deje de lado estos procesos, encierra el riesgo de su banalización. Proponer una renovación como eslogan de campaña electoral reduce los cambios a un fin utilitario de corto plazo.

 

La responsabilidad de la dirigencia política es atender la coexistencia de grupos sociales que se definen por la percepción del valor de la democracia como sistema de organización política pero también por el impacto de los cambios tecnológicos que, por ahora, está profundizando las desigualdades en el planeta.

 

Seguramente la reunión de los profesionales PRO no es tan pretensiosa, pero invita a debatir los grandes conceptos que se imponen en estos tiempos.

 

Salta, 22 de septiembre de 2016

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