Pueblo

Opinion 16/09/2016 Por
Fuertes mensajes dejó el Milagro en la Provincia, como suele suceder.
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La Iglesia Católica dijo lo suyo, como hace unos pocos meses en Tucumán, en oportunidad de celebrar el Bicentenario. Y como suele suceder, no basta con decir una vez; de allí que en el momento de renovación del Pacto de Fidelidad se retomaron sus exhortaciones.

 

La idea de la casa común, que fue vertebral en el pronunciamiento de los obispos en el marco de la conferencia episcopal de los 200 años de independencia, reapareció en el discurso arzobispal de ayer y resultó muy oportuno en momentos en que la ciudadanía, con todos sus recursos e instituciones, está ocupada en rearmar el país. La idea que se rescató es  que para ser constructores de la casa común es necesario pasar continuamente de ser una multitud a ser un pueblo.

 

Convertirnos en pueblo es transitar el camino del diálogo respetuoso y sincero que acorta distancias y tiende puentes, dijo el titular de la iglesia salteña, Mario Antonio Cargnello. Casi una receta básica que permitiría, por ejemplo, resolver las cuestiones más urgentes  pero especialmente las importantes, que golpean a aquellos que tienen  escasas posibilidades de hacerlo por sí mismos.

 

Con respeto se puede llegar a acuerdos duraderos y también a disposiciones justas y equitativas, que no signifiquen ventajas para quienes ya las tienen por distintas circunstancias, como por ejemplo, porque tienen porciones o lisa y llanamente ejercen el poder. Un botón de muestra es la audiencia pública para resolver la tarifa de un servicio.

 

Se utilizaron todos los elementos reglamentarios de restricción para limitar la participación ciudadana, reconociendo  que no es una muchedumbre con turbias intenciones sino un pueblo dispuesto a contribuir en la tarea de ordenar la casa común. Al menos en Salta, uno de los ocho centros de participación virtual, se registraron actitudes mezquinas y justificadamente repudiables.

 

La exigua lista de expositores confeccionada en base a las inscripciones y de la facultad del convocante –en este caso el ENARGAS- de disponer la unificación de las exposiciones de las partes con intereses comunes, es una prueba de ello. Se llego al extremo de dejar sin voceros al propio Ejecutivo Provincial, que fue uno de los primeros inscriptos pero incluir a militantes del sector político afín al Gobierno Nacional, de escaso protagonismo en defensa de derechos de usuarios y consumidores.

 

Otros distritos ni siquiera tuvieron la oportunidad que quede en pie la participación de su Defensor del Pueblo, que se había tratado de preservar en todos los casos para mantener una pátina de legitimidad que va perdiendo la audiencia, a medida que pasan las horas.

 

Ojalá el gobierno nuevo no prefiera la multitud en la que queda borrada la persona, como decía el prelado salteño. Y se respete al pueblo.

 

Salta, 16 de septiembre de 2016

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