Convicciones

Opinion 17 de mayo de 2019
A casi cien días del cierre de un plazo significativo dentro del cronograma electoral provincial, se trabaja en el armado de un frente provincial sin límites de propuestas o ideologías. Es lo que ha revelado el intendente capitalino, uno de los pretendientes mejor posicionados de la gobernación.
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La falta de certezas sobre el armado de propuestas con vistas a las elecciones nacionales y provinciales es notoria  a diferencia de tres oportunidades anteriores en que fue posible que aspire y luego renueve mandato el actual gobernador Juan Manuel Urtubey.  El máximo plazo constitucional es posible para aquel que solo lo abandona por agotamiento.

Liberados del cepo de la re-relección, los dirigentes con aspiraciones a la máxima magistratura sienten que es un momento político histórico. Pero para sus vidas personales, no para cumplir el destino de la provincia.

Por ello es que el espacio del oficialismo es el que muestra la oferta más amplia en individualidades.  Todos tienen características similares, especialmente la del ejercicio de cargos públicos y vasta experiencia en elecciones. Si bien la raíz partidaria los remite al justicialismo, lideran agrupaciones sin historia ni protagonismo.

La carrera hacia la integración del próximo gobierno provincial, a medio año de la instancia final, tiene a todos los pretendientes sin programas ni propuestas. No es osado afirmar que seguramente tampoco tienen un diagnóstico acabado de la situación que será el punto de partida de su gestión.

La única certeza que anima a los postulantes es que la próxima oportunidad se planteará dentro de doce años que, en términos de la política argentina, es un ciclo indefinido.  Por eso es que la contienda, que comenzará formalmente el 17 de agosto con la inscripción de candidaturas, se plantea sobre la capacidad de armar acuerdos de estructuras.

Lo que ha quedado fuera de discusión es la coherencia doctrinaria porque los partidos políticos, que exigen coherencia de postulados para alcanzar objetivos comunes a favor de la organización social en la que están insertos, son una mera formalidad que debe cumplirse por exigencia constitucional.  A sus miembros no los une la coincidencia ideológica desde la que se interpreta y se actúa sobre la realidad; alcanza con la vocación de llegar al poder.

Esto ha quedado en evidencia en la postura expuesta por uno de los postulantes con mayores posibilidades de alcanzar su propósito de suceder al actual mandatario. Gustavo Sáenz está ocupado en formar un gran frente que incluya a diversos sectores, sin personalismos por fuera de su propia figura.

Esta concepción de la política parte de la convicción que al elector le importa quién y no qué se propone. Ya no se lo puede convencer que debe creer en una plataforma de buenas intenciones que termina siendo un catálogo de  promesas incumplidas.

Salta, 17 de mayo de 2019

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