Diálogo

Opinion 06 de mayo de 2019
La convocatoria a la generosidad que hizo el presidente Mauricio Macri al presentar el 2 de mayo una convocatoria a un acuerdo político, no es precisamente lo que emergió en los días subsiguientes. En la realidad, ha desatado una batalla de egos que protegen su porción de poder.
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La estrategia desplegada por el mandatario nacional tuvo falencias, quizás por la falta de experiencia de sus mentores en un país que tampoco registra demasiados antecedentes de resolución de sus problemas por la vía del diálogo. El último fue bilateral y se conoce como Pacto de Olivos, aquel que en la década del 90 permitió reformar la Constitución Nacional.

La impericia o intencionalidad se hizo notar más que los contenidos. También se está debatiendo la oportunidad, para justificar el acogimiento o el rechazo pero todavía no se puso distancia con un decálogo, que una mesa de acuerdo puede modificar, ampliándolo o reduciéndolo.

Que se haya puesto la iniciativa en marcha en pleno año electoral, le da ese carácter y el empeño de una dirigencia ocupada casi excluyentemente en ese proceso, hasta le pone un sentido utilitario con ese fin. Ello justifica que lo que el Ejecutivo expone como prioritario en orden al funcionamiento del país no haya sido razón para el análisis.

Los voceros de los convocantes y convocados hablan de cuestiones periféricas al decálogo para los consensos. Es así que el propio Presidente de la Nación pidió generosidad para firmarlos pero los enmarcó en la necesidad de evitar que vuelva la oscuridad y la confrontación permanente

Los primeros adherentes a la posibilidad de un diálogo se han ocupado de marcar su voluntad, ajena a las pretensiones expuestas por Macri. Es el caso de la rama del peronismo que lidera el gobernador Juan Manuel Urtubey, que enumeró una extensa lista de razones por las que no debiera aceptar el convite, dejando en pie solamente la predisposición a contribuir a la paz interior de una Nación sacudida por la incertidumbre.

Por ello es que la adhesión es antecedida por el rechazo a un gobierno que fracasó en su gestión, que perdió la confianza de los mercados y que está arrojando por debajo de la línea de la pobreza a amplias franjas de la población. Pone en evidencia que la propuesta al consenso es un manotazo de ahogado de un sector político que viene acumulando derrotas electorales en provincias, pese a lo cual impone exclusiones. Es en ese punto que adelanta su participación en la construcción de un acuerdo; en síntesis, trata de superar la exhortación a la generosidad y transforma su gesto en magnanimidad.

Poco o nada se dijo que los puntos de interés de gobierno de Cambiemos como las intenciones indiscutibles de consolidar el sistema federal, ausente desde siempre; o asegurar estadísticas transparentes y confiables, luego de la nefasta experiencia de carecer de ellas, aparecen mezclados con la polémica proposición de avanzar en una reforma laboral con el pretexto de promover la creación de empleo o el cumplimiento de las obligaciones con los acreedores.

En este proceso de armado de consensos básicos, no aparece todavía el hombre común. No pareciera que haya interés en el bien general sin sectarismos.

Todos tienen  la verdad en sus puños pero a los ojos del pueblo, están cerrados.

Salta, 06 de mayo de 2019

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