Desprotección

Opinion 29 de enero de 2019
Una resolución de la Autoridad Metropolitana de Transporte estableció un régimen de fiscalización y control para el pago del boleto de colectivos que habilitaba el descenso compulsivo de un pasajero que no porte la tarjeta con la que se abonó su pasaje.
saeta

La intención de imponer la medida ya había sido anticipada desde la prestadora del servicio por lo que la norma sólo precisó los alcances y la fecha de aplicación de dicho régimen. La resistencia social obligó a revisarla, especialmente porque las razones no son generadas por los usuarios del sistema, quienes padecen una preocupante desprotección.

En el mismo día en que debía comenzar a exigirse la comprobación del pago mediante la exhibición de la tarjeta con la que se efectivizó, so pena de exigírsele un nuevo pago o el descenso de la unidad, se conoció que tuvo que intervenir el propio Jefe de Gabinete para dar razonabilidad a una medida de control. El objetivo de resguardar el correcto uso del sistema de pago virtual no parece que se pueda alcanzar por ese camino sin generar una fuerte tensión social.

El recurso de compartir la tarjeta con la que se abona el boleto de colectivo es utilizado ante las escasas opciones el sistema para resolver la falta de carga suficiente al momento de utilizar la propia. Opera entonces la solidaridad del resto del pasaje.

 No existe un mecanismo accesible para controlar la disponibilidad de la misma, porque si bien se puede conocer el saldo cuando se utiliza, cada vez son más las pantallas lectoras inhabilitadas. Los puntos de recarga tampoco son suficientes y obligan, en no pocos casos, a recorrer importantes distancias para ubicarlas o realizar largas colas para cumplir el cometido.  La situación se complica especialmente los fines de semana.

Estas son las circunstancias más comunes que llevan a un usuario a requerir asistencia de otro para poder realizar el viaje; sin embargo, el tenor de los fundamentos que exponen los directivos de SAETA ponen la carga en la desidia ciudadana. Hay convencimiento de que el usuario no reconoce la importancia de tener la tarjeta y no se asume que quienes recurren a la asistencia de un tercero, tienen la propia sin carga.

Por supuesto que debe existir una franja que no dispone del plástico, a la que servirá la decisión de poner a su disposición tarjetas gratuitas  que podrán ser usadas con una carga mínima de 100 pesos. También será de  relativa efectividad insistir en un sistema de crédito de emergencia para que se pueda viajar hasta 2 veces cuando se agotó el saldo de la tarjeta, por su engorrosa tramitación. No será de mucha utilidad nada que no resuelva las actuales dificultades que el sistema genera a los usuarios. Bastará para ello observar otros más eficientes que están vigentes en distintas jurisdicciones del país.

Especialmente debe reinstaurarse un modo que deje en manos del usuario el control de su viaje por cuestiones que tienen que ver con el seguro, como advirtiera el Secretario de Defensa del Consumidor. No debe ser un instrumento que esté exclusivamente  en manos del Prestador y ese aspecto debe debatirse.

Salta, 29 de enero de 2019

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