Invierno

Opinion 07 de enero de 2019
Con un si respondió a la pregunta si será candidato a presidente, formalizando una aspiración por la que viene trabajando desde que inició su carrera política, según sus afirmaciones o desde 2.014, si se observa como repartió su tiempo entre la gobernación de Salta y la tarea de construir una imagen con proyección nacional. Lo cierto es que Juan Manuel Urtubey empezó el año poniendo en marcha una campaña que lo llevará por todo el país para terminar en diciembre sentado en el Sillón de Rivadavia.
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Con declaraciones periodísticas encendió una maquinaria que absorberá ingentes recursos y exigirá atención permanente y grandes esfuerzos para alcanzar tan solo el objetivo de atravesar una elección primaria y convertirse efectivamente en el candidato. Será el momento en que habrá aportes más variados al emprendimiento aunque la Provincia no podrá aliviar la contribución mayor, de desprenderse de su gobernante aunque haya un sistema institucional que cubra la vacancia que se viene manifestando claramente desde el año pasado.

El anuncio no ha sorprendido porque más allá de cierto pudor por disimular que estaba colocando el carro delante de los caballos, nadie dudaba que la tarea de construcción del espacio político para romper la polarización que determinó el gobierno vigente apuntaba, en realidad, a darle la oportunidad de ser el candidato. Tampoco las pretensiones expuestas fueron novedosas pero su ratificación le da ahora la forma de propuestas.

El propósito es lograr un gobierno de unión nacional para lo que se debe vencer dos enemigos que encarnan un mal y son la ex presidente Cristina Fernández y su sucesor Mauricio Macri. La necesidad de excluirlos del centro de la política argentina exige salir de los límites de los partidos políticos y armar estructuras con todos aquellos que están afuera del macrismo y el kirchnerismo.

El trazo grueso que ha podido dibujar al momento de su lanzamiento, muestra al Gobernador de Salta  al frente de un proyecto de raigambre federal y con la ciudadanía –a la que llama gente- como fuente de poder. Desde el punto de vista institucional propone un modelo semiparlamentario de gobierno y para superar el estancamiento económico-social, pretende que la Argentina vaya a un modelo desarrollista.

En los hechos, un Urtubey presidente gestionaría sobre la base de un acuerdo entre todas las fuerzas políticas designando al Jefe de Gabinete, con la participación de distintos sectores de la sociedad a través de un Consejo Económico y Social en la definición de políticas de Estado para construir un país con trabajo, que permita la movilidad social ascendente y no se castigue al que da empleo. Todo ello diciendo la verdad.

Es un mensaje electoralista pleno como serán todos los que se escuchen o lean durante los primeros seis meses del año. Será el invierno el que traiga las primeras definiciones.

Salta, 07 de enero de 2019

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