Asimetría

Opinion 06 de diciembre de 2018
El intendente capitalino cerró hoy su ciclo anual de contacto comunicacional con los vecinos, que desarrolla en esta emisora. Tuvo temas recurrentes en 2018, especialmente los vinculados a Aguas del Norte, la empresa de servicios que más reclamos generó por la mala calidad de su prestación. Pero en el último tramo del ciclo se centró en SAETA, sociedad del estado creada para prestar el servicio de transporte de pasajeros en el área metropolitana que incluye a la principal ciudad de la provincia.
saenz saeta

Gustavo Sáenz cuestiona el daño que los ómnibus provocan en las calles y el aporte nulo a su reparación. La ecuación no cierra cuando uno de los términos carga con todo el peso, con un presupuesto exiguo frente al que administra SAETA.

El jefe comunal destacó que un presupuesto de casi 3.500 millones de pesos para 2.019, representa un volumen de recursos apenas por debajo del presupuesto municipal. Visto desde esa perspectiva, no desentona la pretensión del intendente de encarar un trabajo combinado entre su gobierno y la conducción de la empresa que es una de las principales usuarias de la vía pública.

Ya había reclamado el funcionario porque SAETA no colabora con el mantenimiento de las calles. “Las destrozan nada más”, dijo categórico cuando la Legislatura sancionó el Presupuesto Provincial 2019. Y hoy dio una vuelta más de tuerca al informar sobre la participación de la sociedad del Estado como contribuyente

Según el intendente, cada unidad de transporte público de pasajeros aporta solamente el impuesto a la radicación del vehículo el mismo monto que un auto chico modelo 2008. En ese orden puso de relieve la inequidad de la medida que a su juicio debe ser revisada ya que los únicos perjudicados son los vecinos.

Es cierto que el impacto del servicio sobre las calles -y, en sentido contrario, el del estado de las arterias sobre la estructura de las unidades que lo prestan-, fue un elemento que se tuvo en cuenta al crear el sistema. En ese orden se estableció la obligación de mantener en condiciones el recorrido de los corredores.

Las razones no merecen mayores consideraciones. Las zonas que más usan un servicio de esa naturaleza muestran una infraestructura vial deficiente. Sin asfalto y en no pocos casos, ni siquiera cordón cuneta, el tránsito de los ómnibus levanta polvo provocando una fuerte contaminación del aire. En tanto, en la temporada de lluvias, se dificulta de manera notoria la prestación. El intendente reconoció que el agua que se precipita genera problemas pero acusó a los vehículos pesados de profundizar los inconvenientes.

En principio, la solución propuesta es un trabajo conjunto que no excluye al Ejecutivo Provincial. Según el gobierno capitalino, no hay disponibilidad para asfaltar las calles de los recorridos y frente a esta limitación, SAETA usa un presupuesto de 140 millones de pesos para recargar las tarjetas, monto con el que se podrían acondicionar no menos de cien cuadras.

Es cierto que el armado el presupuesto de SAETA ha sido una de las tareas que mayores esfuerzos exigió al equipo técnico de Hacienda, frente a la pérdida de subsidios nacionales. Pero esa son las situaciones en las que la política justifica su condición de actividad humana superior.

Salta, 06 de diciembre de 2018

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