Caída

Opinion 04 de diciembre de 2018
Ya no hay dudas que las pequeñas y medianas empresas van a cerrar un mal año. La caída de ventas y de producción es creciente y pronunciada y ya salieron a pedir ayuda. En ese marco de crisis se suceden los concursos y las quiebras o la decisión empresaria de cierre de sus negocios para evitar mayores perjuicios. Cualquiera de esas situaciones tiene un fuerte impacto social.
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El último informe que se conoció es el producido por el Observatorio de la CAME, la confederación que las nuclea y que ha indicado que en noviembre se ha registrado el descenso más marcado del 2018. Las ventas minoristas cayeron casi el 16% en ese mes  y ese guarismo ya ha empujado a las pymes a pedir ayuda. Desde CAME requirieron que se relance el Ahora 12 sin interés, tasas diferenciales para las pymes y que en 2019 el Congreso sancione una reforma laboral que permita bajar la presión de las contribuciones patronales.

La preocupación se eleva porque es uno de los momentos del año en que se predispone el ánimo para el consumo, sin mayores estímulos. Pero en esta oportunidad ni los más fuertes incentivos animaron las ventas. La explicación de los especialistas es que incide el elevado stock de deudas que acumulan las familias con las tarjetas de créditos y las subas de intereses, que están provocando un fuerte desplazamiento de masa de dinero que debería ir a consumo hacia el sistema financiero. Tal es la síntesis que realizó la CAME para explicar la retracción.

El último relevamiento da cuenta que, con la excepción de alimentos y bebidas, todos los rubros encuestados tuvieron caídas anuales de dos dígitos en sus cantidades vendidas. A la cebeza se ubicaron las mueblerías, cuyas ventas cayeron 23,5% en cantidades frente al mismo mes del año pasado y acumulan un declive de 7,7% en lo que va del año. Pero esparcimiento no le va en zaga; las  empresas vinculadas al sector tuvieron una reducción de sus actividades de casi el 20%.

Este marco explica uno de los anuncios más preocupantes de la jornada fue el del cierre de Skombros, un boliche tradicional que en esta época del año solía concentrar multitudes con espíritu festivo. Tras 25 años de actividad, anunció que en dos fines de semana más clausura una historia que tuvo sus claroscuros, por la relevancia del establecimiento.

Su nombre se vinculó a la nocturnidad más atractiva para todo público pero también con hechos trágicos que suelen vincularse con un submundo propio de la noche. Luego de congregar a más de mil personas por jornada, el brillo se perdió detrás de los avatares de una política económica que golpea a la sociedad. 

Está todo mal y el gigante centro de diversión no puede mantenerse en pie, es lo que explicó  el propietario del boliche. Detrás de esa expresión queda la impotencia frente al derrumbe de un emprendimiento, que avanzó a fuerza de sacrificios, como suele suceder con todas las pymes.

La lógica de este sector económico tiene sus peculiaridades; genera mitos, es objeto de sospechas pero no queda fuera del circuito de contribuyentes, con todo lo que ello significa. La crisis lo arrastró como a más de 400 establecimientos comerciales en la Capital. Nada queda afuera y es una señal que preocupa al empresariado.

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