G20: Mercados rezan porque surjan señales de paz comercial

Economía 29 de noviembre de 2018
No se albergan muchas esperanzas de que Trump fume la pipa de la paz. Pero el solo acercamiento con China puede destrabar varios conflictos. La bronca de las clases medias y bajas en el tapete del debate.

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El G-20 representa el 85% del PBI mundial, el 80% del comercio internacional y más del 75% de la población del planeta. Esto solo basta para referenciar la importancia y relevancia de los jefes de Estado que participan. Por ende, puede decirse que en Buenos Aires estará deliberando el 85% del poder económico de los que toman decisiones en el mundo. Sin duda de aquí surgen cosas que influyen en el resto de los países.
Si bien esta cumbre viene enmarcada por varios temas económicos claves, el tinte político es insoslayable e incluso podría ocupar gran parte del encuentro. Es que la ambiciosa agenda promete debatir principalmente sobre multilateralismo y gobernanza mundial; las perspectivas sobre migraciones y comercio; y los nuevos desafíos del trabajo ante la brecha digital y la ciberseguridad. Pero los mandatarios arriban a la Argentina junto con las discrepancias geoestratégicas de los últimos meses entre EE.UU., China, Rusia y la UE. De modo que esto seguramente marcará el tono y el clima de la cumbre del G-20.

Cabe recordar que el G-20 no es ni un organismo ni institución, sino un mecanismo de coordinación y de impulso de políticas. Desde su gestación apuntó a coordinar una respuesta a la estabilidad financiera y de estímulos ante la recesión desatada tras la crisis financiera del 2008. Pero los intereses comunes se han debilitado y por ello la agenda es tan amplia y pierde foco.

Los expertos y geoestrategas consideran que el G-20 debería ocuparse de la desglobalización (fortalecer el multilateralismo y el comercio internacional) y apuntar hacia un crecimiento más inclusivo, además de pensar en los impactos de la era digital y la robotización. El objetivo reducir las desigualdades lo que requiere de un sistema financiero estable y justo. Pero el mundo se mueve ahora bajo la “ola” del nacionalismo y el unilateralismo. Donde la política tradicional ya no satisface y su descrédito afecta tanto a los políticos como a las instituciones. Lo cual obliga a aunar esfuerzos, sobre todo, para enfrentar las posturas de Donald Trump.

Por lo visto a lo largo de los últimos meses de deliberaciones en el T20 (red de think-tanks del G-20) se ha fijado una terna de prioridades como por ejemplo que el G-20 impulse un diálogo para rediseñar la Organización Mundial del Comercio y así proteger el librecomercio; que además tenga un papel central en la lucha contra el cambio climático y el cumplimiento del acuerdo de París y que se promueva un nuevo contrato social para esta era digital y de desigualdad.

Debe entenderse que el G-20 no es el marco para corregir todas estas nuevas realidades pero si puede ayudar a impulsar políticas tendientes a encarar estas problemáticas pero sobre todo de abajo hacia arriba, o sea, que le lleguen y conecten con la gente. Porque son las sociedades civiles y los ciudadanos, las ciudades y las empresas los que están creando estas nuevas realidades.

Por ello, la presidencia argentina del G-20 se propone atender la diversidad de problemas y de soluciones así como también de situaciones nacionales y regionales que presenta la cumbre. Sería un triunfo si este encuentro logra emitir un comunicado conjunto. Para lo cual el deseo argentino es lograr un comunicado de tres páginas con un lenguaje comprensible y lejos de los tecnicismos.

Dentro de las problemáticas sobre la que girará la agenda es el impacto de la robotización. En ese sentido, Argentina intentará poner el tema de la educación en paralelo con la necesidad de nuevas políticas generadoras de empleo. La idea es, además de poner el tema en la agenda, que logre sobrevivir a las próximas cumbres ya que se trata de una problemática clave para todo el mundo. Allí entran a terciar también los temas de infraestructura y la digitalización. En este contexto otro triunfo para la diplomacia criolla sería poder lograr que todo el temario de la agenda G-20 se fusione con la del G-7.

Habrá que ver entonces cuáles fuerzas podrán más en esta cumbre, los que quieren recuperar la globalización o los que no. Lo cierto es que la globalización ha puesto en jaque, principalmente, los intereses de las clases medias.Por ello el objetivo debe ser detener las tendencias de desglobalización, evitar el proteccionismo, fomentar la innovación tecnológica inclusiva, compensar a los perdedores de la globalización en las economías desarrolladas y tranquilizar a los ganadores en las economías emergentes. De ahí surge el concepto de “crecimiento inclusivo” para cubrir las desigualdades entre países y dentro de los países, e incluir la innovación tecnológica (automatización de tareas). De lo contrario se corre el riesgo de afectar la estabilidad política por la creciente sensación de bronca en las clases media y media-baja, que ven caer sus ingresos y posición y se cuestiona su progreso ascendente. El sentimiento de ira ya comenzó a traducirse en políticas y resultados electorales a lo largo de todo el planeta, en pos del nacionalismo y el populismo. El economista Dani Rodrik señaló años atrás que “las frustraciones de las clases medias y bajas de hoy están arraigadas en la percepción de que las élites políticas han colocado las prioridades de la economía global por encima de las nacionales”. Abordar el descontento requerirá que esta percepción se invierta. Proporcionar una respuesta a este desafío también mejorará la imagen y el perfil de la globalización y del G-20, que se está convirtiendo cada vez más en el objetivo de los movimientos y el sentimiento antiglobalización.

Por tal motivo resultará necesario garantizar que se evite una reacción proteccionista en los países avanzados y que tanto los miembros avanzados como los emergentes del G-20 implementen políticas para reducir el impacto negativo de la automatización en el empleo, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes. La OCDE llegó a la conclusión de que “el proteccionismo comercial alberga algunos empleos, pero empeora las perspectivas y reduce el bienestar de muchos otros. En muchos países de la OCDE, más del 25% de los empleos dependen de la demanda extranjera ”.

Veremos si se apaciguan los ánimos y siguen sonando los tambores de guerra en el comercio mundial.

Fuente: Ámbito.com

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