Siglo

Opinion 30 de octubre de 2018
El gobernador Juan Manuel Urtubey ratificó una certeza que lo acompaña desde que en 2007 prestó por primera vez juramento como titular del Ejecutivo salteño. Es que no se trata de una opinión sino de un cálculo en cuya elaboración participaron economistas.
urtubey 22007

 Cuando presentó públicamente el proyecto del Fondo de Convergencia, a dos años de iniciada su gestión, tenía ponderado que Salta crecía en su producto bruto geográfico un poco más de un punto por encima del promedio nacional. Ello lo llevó a asegurar que en 140 años -si se mantiene esta tendencia- se llegaría a los niveles per cápita del resto de las provincias.

Ayer desempolvó ese cálculo durante una entrevista periodística en un medio nacional. A menos de año de agotar su último mandato, aseguró que llevó adelante una transformación importante y pese a su vocación de cambio “falta un siglo todavía porque el nivel de atraso en la región es enorme”.

El gobernador que asumió invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia y a la par del Señor y la Virgen del Milagro, había asegurado en ese momento que su gobierno se iba a ocupar más de las personas que de las cosas. “Ha pasado mucho tiempo en que en este mundo, en esta Argentina y en esta provincia se ha amado a las cosas y se ha usado a las personas; es hora, pues, de amar a las personas y de usar a las cosas” fue la consigna, expuesta con la certeza de contar con el apoyo de Cristina Fernández, su compañera de boleta, quien a horas de jurar ya estaba trabajando para resolver los problemas de los salteños más castigados por la pobreza, el hambre, la desocupación y la falta de servicios.

Fue ella la primera en tomar nota de una idea para adelantar la convergencia de Salta y las provincias más postergadas del país con otros distritos que, por su ubicación geográfica o la capacidad de su dirigencia, estaban más avanzados. En julio de 2009, en el marco de una ronda de diálogos de la primera mandataria con los gobernadores de todo el país, Urtubey depositó en la Casa Rosada una propuesta de creación de un fondo que en 14 años permitiría alcanzar niveles de equidad con las provincias centrales. Para ello se necesitaba redistribuir a favor de la periferia un 2% de la masa coparticipable, con destino a obras de infraestructura.

Buscaba por entonces una política diferente para los que son diferentes, un propósito que recogió el Plan Belgrano de Mauricio Macri, cuya ejecución está demorada o demuestra que no es conducente para resolver los problemas que genera la marginalidad.

Una década después, no se habla de logros sino que se repiten las razones de la frustración. Todavía falta un siglo para que el Norte salga de su postergación y ya no es Salta o el NOA el que padece. En la visión del gobernador salteño, la Argentina está mal y lo peor que puede pasar es no advertir a corto plazo un escenario de salida.

Pese al entusiasmo del arranque, no hubo Fondo de Convergencia y hoy ni siquiera hay una socia que acompañe la convicción que se deben dejar atrás las viejas prácticas que hicieron de la política un demérito. Se siguen discutiendo cuotas de poder, mientras crecen los salteños que, como once años atrás, probablemente no pueden alimentar a sus hijos.

Como entonces, en 2007, pero con menos esperanzas.

Salta, 30 de octubre de 2018

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