Apatía

Opinion 24 de octubre de 2018
La muerte súbita de un pasajero en la Terminal de Ómnibus capitalina encendió un alerta respecto de la preparación de la sociedad para enfrentar un hecho de esa naturaleza. Pero también advierte que no alcanza con marcos normativos precisos si no hay control sobre la aplicación de la ley.
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La administración de uno de los lugares de mayor movilidad de personas de la ciudad no pudo asistir como era exigible para la circunstancia y no desplegando acciones humanitarias sino cumpliendo estrictamente lo que señala una ordenanza que data de 2016, que perfecciona todas las anteriores medidas. De esa norma, en consecuencia, solo queda aplicar las sanciones previstas ya que no se puede dar un paso atrás. Se aplicarán las medidas del caso, contemplado en el sistema de prevención de eventos de muerte súbita que regula el uso de desfibriladores externos automáticos.

En el orden jerárquico de normas solo hay un tramo que debe superarse y es el provincial, para no dejar a parte de la población sin recursos para enfrentar incidentes que otras sociedades resuelven sin mayores esfuerzos.  Hay una ley nacional que debe reglamentarse, que invita a una adhesión que Salta no ha resuelto.

La Capital tiene en la Ordenanza 15.115 una guía que genera obligaciones a determinados actores. Establece cuáles son los espacios públicos y privados con acceso público que se encuentran obligados a contar con desfibriladores externos automáticos; entre otros, terminales de transporte público, centros comerciales de envergadura, clubes deportivos, salas de conferencias, eventos o exposiciones, sitios de juego de azar, bingos, casinos, lugares de alto riesgo, parques de diversiones y otros establecimientos que permitan la concentración de más de 500 personas o circulación de 1000 personas por día, como hoteles o boliches bailables.

La ley nacional busca la accesibilidad de toda la población a la resucitación cardiopulmonar y a la desfibrilación pero especialmente promover la concientización por parte de la población sobre la importancia de los lugares cardioasistidos y de la cadena de supervivencia, incentivándola a contar con información sobre primeros auxilios para ese tipo de situaciones. Refuerza lo establecido por la ley 26.835 de promoción y capacitación en las técnicas de RCP básicas, para estudiantes de los niveles medio y superior.

A todas luces, objetivos de ese tipo no se han alcanzado; al menos no en la principal ciudad salteña, No se trata solamente de la ignorancia respecto del manejo de un instrumento de uso sencillo, que tiene que estar accesible a cualquiera, sino respecto de la obligación de su disponibilidad. Ese es un punto que no solamente debe cargarse sobre quienes tienen esa responsabilidad, sino sobre cualquier ciudadano que al concurrir a un lugar de uso público y notorio tránsito de personas, debe controlar que la exigencia se esta cumpliendo.

Como ciudad no estamos preparados para prevenir la muerte súbita, alertó el médico cardiólogo y ex presidente de la Sociedad de Cardiología de Salta, Sebastián Schanz. Cien mil muertes cardiovasculares en la Argentina, de las cuales el 60% corresponden a muerte súbita por fallecimiento natural, no llamaron la atención o no hicieron mella en la conducta ciudadana. Ni aún cuando el 70% de los casos ocurre fuera de los hospitales, en lugares donde transcurre la vida cotidiana.

Hay que romper la apatía porque la muerte puede esquivarse alguna vez.

Salta, 24 de octubre de 2018

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