Resistencia

Opinion 28 de septiembre de 2018
La intensa movilidad de la situación socioeconómica de la Argentina convierte los logros del gobierno de Cambiemos en éxitos efímeros. Es así que el descenso de la pobreza, que fue la mejor noticia con la que cerró 2017, seis meses después se revirtió y hoy se habla de un sombrío ascenso que podría profundizarse a diciembre de este año. Aunque por delante hay un trimestre que podría revertir todo pronóstico.
pobreza

Pero lo cierto son las cifras del INDEC, organismo que es el vocero más creíble de la realidad argentina. En marzo pasado dio cuenta de la caída en casi 5 puntos de la pobreza en el último semestre del año pasado, guarismo que significaba que casi 3 millones de personas abandonaban la situación más ignominiosa a la que se puede someter a una persona en un país rico en recursos materiales y humanos. Sin embargo, el siguiente informe conocido ayer indica que la pobreza trepó al 27,3% en el primer semestre de este año, más de un punto y medio del último registro.

Hay otros datos preocupantes. El Norte Grande sigue liderando los índices de pobreza, pese a que el entusiasmo del presidente Mauricio Macri en torno de su propósito de equilibrar el desarrollo del país, Plan Belgrano mediante, no cambió en absoluto lo que a todas luces es un problema estructural de la Argentina. El núcleo duro de la pobreza, como ocurrió en el gobierno kirchnerista, se concentra en las provincias del Noreste y Noroeste, con porcentajes que casi duplican en algunos puntos la media nacional. Es el caso de la ciudad de La Banda en Santiago del Estero, que tiene el indicador más alto del país con casi el 45% de sus habitantes, seguida por Corrientes con el 36,8%.

No solo se trata de más de un tercio de la población de esos núcleos urbanos imposibilitada de cubrir con sus ingresos el costo de una canasta alimentaria. La pobreza también significa que seguramente no tienen acceso a servicios básicos, como el agua y las cloacas; que no tienen viviendas o habitan construcciones precarias; que la educación y la salud que reciben esas familias reflejan las carencias de un Estado incapaz de resolver sus problemáticas. Y lo más preocupante, su horizonte de oportunidades está excesivamente acotado.

El informe desagregado del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos da cuenta que la pobreza en el NEA es del 30% y en el NOA, casi el 29%. En esta región, Salta se ubica con el 26.4% de pobreza en el tercer lugar, detrás de Santiago y de Jujuy pero casi tres puntos por encima de La Rioja. Pero estos datos pueden leerse de otra manera: el crecimiento del índice provincial no fue tan alto como para superar la media nacional y la indigencia tuvo un leve aumento de menos de un punto.

Hay distritos en los que la pobreza alcanza niveles propios de sociedades desarrolladas. Es el caso de Tierra del Fuego o la capital nacional. Quizás es consecuencia de un Estado más presente o una dirigencia más eficiente y comprometida.

El propio Presidente de la Nación ha advertido que lo que viene en lo inmediato no es mejor. Los analistas advierten que las últimas medidas dispuestas traerán una mayor recesión y más descontento social y el mercado está viendo que pueden desembocar en un nuevo fracaso.

A la sociedad le queda resistir, sin resignación pero sin intolerancia. La democracia sigue siendo el remedio.

Salta, 28 de setiembre de 2018

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