Tensión

Opinion 25 de septiembre de 2018
En menos de dos años, la política monetaria y la crisis económica se devoraron dos presidentes del Banco Central de la República Argentina. El último ni siquiera llegó a tener el acuerdo del Senado, tal como exige su Carta Orgánica aprobada por ley 24.144.
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En un alto clima de tensión generado por el paro nacional dispuesto por todas las centrales obreras y con el Presidente de la Nación fuera del país, se conoció la renuncia de Luis Caputo, integrante del círculo más íntimo de Mauricio Macri, a la titularidad de la autoridad monetaria. Pocos medios se habían hecho eco de las versiones que hacían referencia a su alejamiento y que arreciaron el viernes pasado, luego que el Banco Central vendiera reservas para frenar el crecimiento del precio del dólar.

La exitosa decisión, porque la moneda norteamericana cerró en baja la última semana, se contradecía con las instrucciones que bajaban del Fondo Monetario Internacional, que venía cuestionando la política diseñada por Caputo. Y ese dato advertía que la puja podía cortar la parte más delgada del hilo.

Apenas cien días duró el funcionario en el cargo, situación que es interpretada como expresión de la vulnerabilidad de la gestión del mandatario nacional que no logra anclar los parámetros más significativos de la economía. Luis Caputo había sido designado 14 de junio pasado cuando se precipitaba una de las tormentas políticas frecuentes este año y amenazaba en convertirse en una tempestad. Su nombramiento se hizo en comisión hasta el otorgamiento del acuerdo correspondiente por parte del Senado de la Nación.

Reemplazó a Federico Sturzenegger, quien sí tenía su pliego aprobado para ejercer la presidencia del Banco Central por lo que tenía mandato hasta el 23 de septiembre de 2022. La conducción de la entidad monetaria está demostrando que no puede ser objeto de la las pujas internas del poder.

Según el 3º artículo de la Carta Orgánica la entidad tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social. Para alcanzar ese objetivo, le corresponde –entre otras funciones- regular el funcionamiento del sistema financiero y aplicar la Ley de Entidades Financieras; disponer sobre  la cantidad de dinero que debe circular, determinar las tasas de interés y regular y orientar el crédito. Es el Banco Central el que concentra y administra las reservas de oro, divisas y otros activos externos y debe contribuir al buen funcionamiento del mercado de capitales.

Es una entidad autárquica del Estado nacional y en el ejercicio de sus funciones y facultades, no está sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo nacional, ni puede asumir obligaciones de cualquier naturaleza que impliquen condicionarlas, restringirlas o delegarlas sin autorización expresa del Congreso de la Nación. Hoy está en el centro de otra tormenta que advierte que el baile de Mauricio Macri en el Global Citizen Award,  en Nueva York, se equipara a la fiesta en la cubierta del Titanic.

El hecho desplazó de la preocupación política al paro general, convocado para visibilizar la crisis de los trabajadores. Hay problemas más graves.

Salta, 25 de setiembre de 2018

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