Preocupación

Opinion 14 de septiembre de 2018
Mientras los peregrinos siguen llegando por millares a la Capital para rendir homenaje a los patronos del Milagro, la realidad socioeconómica se cuela en el clima de devoción que se vive en torno de la catedral, erigida en el centro neurálgico de la actividad pública. En la Misa Estacional de la fecha, el orador de la Homilía aseguró que en Salta “no se justifica un pueblo con hambre”.
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Sorprendió el obispo emérito del Chaco, Fabriziano Sigampa, al referirse a la pretensión presidencial del gobernador salteño, al que desde el púlpito le pidió que diga siempre la verdad aunque vengan degollando. “No recule nunca porque así el pueblo lo va a valorar”, le recomendó al asegurarle que si bien es difícil gobernar, cuando Dios pone a alguien ante una tarea grave, le pone la gracia suficiente para evitar el fracaso.

En esa mezcla de oración y reclamo en la que se desenvuelve la celebración religiosa, no se pierden los hechos cotidianos de la gestión gubernamental en el país y en la Provincia, enraizados en la tarea de acordar la distribución de recursos limitados para el  próximo año. El asueto de la administración pública no alcanza a la actividad del mandatario provincial que avanzó en un acuerdo demandado por el presidente Mauricio Macri, que los propios legisladores por Salta están tratando de modificar.

El paréntesis local no demora la actividad nacional y las negociaciones entre la Nación y las Provincias no cesan. El objetivo, como explicara Juan Manuel Urtubey, es ayudar a que no empeore la situación, cuya comprensión parte del convencimiento que “la Argentina está fundida”.

La principal autoridad provincial esta vez no se guardó una visión muy negativa de la realidad y no pudo descartar que se viene el estallido si no se alcanza en lo inmediato un punto de encuentro. Es que si la situación no se equilibra y explota, como teme el gobernante, será peor para los salteños.

El complicado contexto de la celebración de este año, no es novedoso. Al menos en la última década, la Iglesia tuvo que transmitir su mensaje reconociendo una variedad de problemas, no solamente referidos a la pobreza sino también a la afectación del tejido institucional o al ataque a aspectos básicos de la dignidad humana.

En este tiempo ha reclamado la construcción de un fuerte espíritu de amistad social que transforme los vínculos entre los argentinos pero especialmente reiteró en cada oportunidad una conducta diferente a cada ciudadano. Especialmente requirió el cambio a los dirigentes políticos con responsabilidades de gobierno, a fin que sacrifiquen sus vidas en el servicio al bien común.

Mañana será otra oportunidad, cuando se renueve un Pacto de Fidelidad, que se supone que es moral pero no pocos observan como político. Es un momento en que se ratifica un modelo de Provincia, que lamentablemente no ha resultado todavía en una mejor calidad de vida.

Salta, 14 de setiembre de 2018

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