Desafíos

Opinion 13 de septiembre de 2018
Se iniciaron los momentos culminantes de la celebración del Milagro. En la primera misa estacional dedicada a la Virgen, se reconoció que para la Iglesia no son tiempos fáciles. La última y relevante decisión del Papa Francisco da cuenta de las cuestiones que debe encarar urgentemente la institución en el mundo y al menos una de ella, ni se menciona aquí y ahora.
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En la homilía de la misa de hoy, se señaló “la lluvia de acusaciones, muchas veces ciertas pero otras cargadas con intencional manipulación. Debemos reconocer –dijo el obispo de Laferrer, Gabriel Bernardo Barba-  que si hay persecución y hay cruz, tenemos certezas de estar transitando el mismo camino que hizo Jesús y que la iglesia a lo largo de toda su historia lo ha hecho”.

En esa afirmación se puede ubicar la convocatoria a Roma a los obispos del mundo que el papa Francisco ha realizado para una cumbre sin precedentes, centrada en la protección de menores. Sería la primera reunión global de líderes eclesiásticos para discutir la crisis de abuso sexual.

En Salta, la preocupación transita por una movilización que conmovió el lugar común de ubicar a la Provincia como capital de la fe. La generalización que dejó sentada que Salta es católica, sin espacio para otras creencias o para una organización social laica, está puesta en tela de juicio y se han dado pasos para imponer otra concepción, más allá de opciones individuales. Es el primer Milagro sin educación religiosa en las escuelas y en un estado deliberativo que no cerró la sanción de una ley que dejó en pie el aborto clandestino. Por el contrario, la discusión sigue involucrando a la Iglesia, a la que se pretende separar del Estado y someter a un trato fiscal como el que recibe cualquier ciudadano u organización.

 Como corresponde, quedará en manos de la estructura central de la Iglesia Católica Romana la resolución de los problemas vertebrales, como es su relación con el sexo. Según la comunicación oficial de la Santa Sede, el Sumo Pontífice pidió que los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo se reúnan entre el 21 y el 24 de febrero de 2019  para encarar el problema de los abusos por parte del clero, que generaron acusaciones de encubrimiento contra la jerarquía de la Iglesia, que arrastran a Francisco y sus antecesores. El tema tiene tanta importancia que el encuentro será precedido por reuniones durante tres días del Consejo de Cardenales.

Por ahora, la protección de los menores de edad contra el posible abuso en sus iglesias tendrá primacía para la actual gestión pontifical. Sin embargo, su tratamiento está abriendo otro frente de discusión y es la de revisar la directiva emitida por la Congregación para la Doctrina de la Fe para la atención pastoral a las personas homosexuales, que data de 1986, cuando su prefecto era Joseph Ratzinger, luego Benedicto XVI. En ella se afirma que “ningún programa pastoral auténtico podrá incluir organizaciones en las que se asocien entre sí personas homosexuales, sin que se establezca claramente que la actividad homosexual es inmoral”.

Es cierto que son tiempos difíciles porque son tiempos de nuevos desafíos. Desde la provincia se pide reconocer al Milagro como una propuesta social nueva para el país, en la que las dificultades se resuelven por el amor. No se peregrina por comida, es el mensaje. Peregrinan porque tienen fe y se sienten libres, dice la Iglesia salteña, elevando a los devotos por encima de la realidad.

Salta, 13 de septiembre de 2018

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