Tarea

Opinion 11 de septiembre de 2018
Se celebra hoy una de las fechas más emotivas de las conmemoraciones argentinas. Es el Día del Maestro, que genera desde frases triviales a profundas reflexiones sobre una función social que trasciende los límites de un trabajo, que hoy está mal pago y peor reconocido en la realidad.
maestro

El afán de este sector por visibilizar su situación laboral ha desplazado muchas otras consideraciones que se merecen y si se deben sintetizar hoy sus demandas, podría caerse en la odiosa síntesis de indicar que la conmemoración los encuentra sin  fecha de paritarias. Y pocos saben de su preocupación por los sinuosos recorridos de los contenidos curriculares que, en definitiva, determinan  en qué está ocupado el sistema educativo. También cuestionan el estado de la infraestructura escolar, con establecimientos decadentes, antiguos e insuficientes para una demanda creciente de servicio. Ni hablar de su angustia por las carencias sociales, que dejan en sus manos niños o adolescentes desnutridos, adictos, a veces violentos, pero especialmente indiferentes frente al conocimiento.

 Entender por qué hoy se celebra al maestro obliga a mirar la figura de quien ha pintado de rojo un número del almanaque. Es Domingo Faustino Sarmiento, sino el más polémico uno de los más discutidos próceres del país.

Sus defensores lo señalan como el hombre que soñó la modernidad para la Argentina de su tiempo, quien hizo girar todos sus objetivos en torno de una educación estatal, para todos, gratuita y de calidad. Diseñó un modelo cuya función democratizadora y unificadora cubrió casi un siglo, con una preponderante influencia sobre la legislación escolar latinoamericana es indudable

Sarmiento fue escritor, periodista, militar y estadista, dueño de un carácter polémico, audaz, ocurrente, temperamental, apasionado, que tuvo aciertos y no pocos errores. Si bien la historia le guardó el lugar del gran maestro por su trabajo constante en la educación, sus ideas se sistematizaron en una política integral para el desarrollo del país, incluyendo la ecología y la defensa del rol social de la mujer.

Pero es cierto que su interés por la educación sobresalió porque la imaginó como una herramienta para la construcción de una sociedad civil y política desarrollada. Allí radica su gran acierto ya que trabajó en la construcción de un sistema orientado a la educación de los sectores populares, en un tiempo en el cual sólo las minorías ilustradas tenían real acceso al saber.

Usó la política para concretar sus propósitos. Protagonista excluyente del Siglo XIX, Domingo Faustino Sarmiento necesitó dos décadas para cubrir cargos que le permitieron hacer realidad su aspiración de educar a la Nación Argentina, que describió como “compuesta de un millón de bárbaros ignorantes y pobres, gobernados por diez mil ricos y letrados, no menos ignorantes en la ciencia”, para convertirla en una República.

De esa nación queda hoy una democracia en construcción, con millones de pobres y un puñado de ricos, aún ignorantes en la ciencia. En esta fecha vale tomar las mismas banderas y recuperar una educación popular con la calidad que Sarmiento exigía hace más de 150 años.

Salta, 11 de setiembre de 2018

Te puede interesar