Inflexión

Opinion 06 de septiembre de 2018
El domingo próximo cerrará un proceso democrático alentador. La Unión Cívica Radical de Salta celebrará sus elecciones internas de renovación de autoridades.
UCR_Salta

Por Carta Orgánica, dicho mandato se extiende por dos años y solo se contempla una reelección. Es así que su actual presidente deberá dejar el lugar al haber repetido el suyo, luego que lograra la conducción en 2014.

No es el mejor momento para el centenario partido, que en lo que va de este siglo tuvo que soportar sucesivas intervenciones de 2011 a 2014 y normalizada su situación, no logró superar situaciones de arrastre. A propósito de la campaña con vistas a los inminentes comicios se conoció que sobre el partido pesa una sanción por parte de la Cámara Nacional Electoral por falta de rendición de fondos, lo que podría generar la suspensión de futuros aportes, según disposiciones de la ley de financiamiento de los partidos políticos.

Pero no es todo. Sobre su edificio pesa un embargo de un millón doscientos mil pesos por una deuda que originariamente en 2003 era de 30 mil pesos. Sus finanzas no serían demasiadas escuálidas, por lo que el oficialismo debe soportar no solo el cuestionamiento por la falta de arreglo de dicha deuda, que es de carácter laboral, sino críticas por la aprobación de balances de los últimos cuatro años en la última convención.

Pero estas circunstancias  no son las cuestiones que sobresalen para la masas de afiliados. Un lugar más expectante lo ocupa la integración primero y luego la permanencia del partido en una alianza de difícil comprensión para quienes militan en el pensamiento progresista que sostuvo el primer presidente de la recuperada democracia, Raúl Ricardo Alfonsín.

Sin embargo, no está en tela de juicio la pertenencia a una alianza y, en todo caso, lo que se ventila en la campaña que está a punto de cerrar es si se mejora el papel que juega la UCR en el gobierno de Cambiemos. Al menos es lo que sostiene la oposición en estas internas ya que entiende que la UCR no puede seguir cumpliendo un rol periférico y muy pobre. Se arregla o se sale de Cambiemos, es la consigna.

Del otro lado, el oficialismo insiste en el compromiso de la UCR de ser parte de este gobierno  y tener una visión republicana del país. Ello así aunque los legisladores deban apoyar iniciativas que rozan el ADN radical, según la propuesta de ese sector.

Otra cuestión, que abarca solamente el padrón radical, tiene que ver con el modelo de conducción. El oficialismo ofrece seguir cerca de la gente y no discutiendo en un comité y sus oponentes quieren recuperar el partido para abrir las puertas que cerró la conducción actual.

Por encima de esta puja propia de internas partidarias, la importancia de la compulsa es el aporte al fortalecimiento de estas instituciones que, como señala Alexis de Tocqueville, son “son un mal inherente a los gobiernos libres". En la Argentina, desde la crisis del 2001, los partidos fueron perdiendo su importancia y su representatividad, por cuanto, ya no hay una práctica democrática interna sino que el espacio que dominan candidatos y figuras. Esto es, se han convertido en máquinas electorales y abandonaron el debate de ideas y propuestas.

Y la UCR de Salta padece el mismo mal. Es la oportunidad para poner un punto de inflexión.

Salta, 06 de setiembre de 2018

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