Cuidado

Opinion 03 de septiembre de 2018
El país recibió hoy un mensaje para aclarar dudas que generaron un clima de incertidumbre durante las últimas jornadas. En un discurso matutino, el Presidente de la Nación informó que hay un estado de emergencia, que los últimos cinco fueron los peores meses de su vida, que su gobierno está entendiendo la situación con humildad para aceptar los problemas y pidió mirar la película y no la foto.
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Tras declarar que gobernar un país cuesta, anunció medidas que se financiarán con recursos que se tomarán de los que tienen mayor capacidad para contribuir, con menor gasto en el funcionamiento de un gabinete achicado y de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Convencido que con la devaluación de las últimas semanas la pobreza va a aumentar, anunció el refuerzo de la ayuda social para los sectores más vulnerables, que no son los únicos afectados.

La exhortación presidencial se sintetiza en un pedido a seguir confiando en un equipo de gobierno que mostró poco y malo. Según el Presidente de la Nación, está haciendo todo lo que está a su alcance.

Para la mayoría de la población, el discurso presidencial puede no haber cubierto la expectativa generada por la necesidad de abandonar un estado de situación que está horadando el ánimo social. Pero es el dato más relevante para avanzar en la tarea de enfrentar el día a día.

El riesgo latente es la proyección del desánimo sobre la propia democracia, el modelo de organización que pone la responsabilidad del poder en cabeza del conjunto total de la sociedad, que lo delega. Esa visión encaja en la clásica definición de Abraham Lincoln, que toma a la democracia como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

El riesgo nace en una reacción que se bifurca entre quienes pretenden ejercer el poder y cambiar en medio de la marcha, rasguñando el tejido institucional para salir de un camino tortuoso marcado por la actual conducción política y aquellos que quieren liberarse de la carga de responsabilidad que el sistema le asigna. La historia política contemporánea tiene acabados ejemplos de ambos atajos.

Pero la democracia es algo más que una decisión política que se expresa en elecciones generales, aunque sea importante para su buen funcionamiento. Es que se trata de una forma de organización del Estado que favorece la convivencia que parte por respetar la opinión de los otros, aunque sea distinta a la propia, y en la que cada uno de los miembros son libres y también iguales ante la ley. Es cierto que su forma de resolver los problemas transita un intrincado pasaje institucional en el que debe escucharse la voz de mayorías y minorías. De allí la tentación por su alternativa, las dictaduras, en el que la decisiones dejan de lado el interés general.

La de este tiempo es una crisis de gestión. El oficialismo, la oposición, los empresarios y los trabajadores están convocados a asumir una actitud responsable y comprensiva, acompañando los esfuerzos pero marcando los errores, para evitar su profundización.

Salta, 03 de setiembre de 2018

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