Sobrevivencia

Opinion 06 de julio de 2018
Como sucede en los malos momentos, resurgió la puja entre vendedores callejeros y las fuerzas policiales. Es la repuesta inmediata a una situación que se tolera cuando las dificultades no llegan a golpear las puertas de los gobernantes reclamando las soluciones que se demoran.
marcha manteros

Desde su asunción, el gobierno de Cambiemos advirtió que iba a trabajar en el blanqueo de la economía informal. Eran tiempos en que se esperaba que se domine la inflación y el mercado fije el valor del dólar sin estampidas. Nada de eso ocurrió; al contrario, todos los problemas se profundizaron.

La precaria convivencia entre el comercio legal y la venta en la calle, fuera de toda formalidad, ya no puede sostenerse y los gobiernos nacional, provincial y municipal sólo tienen como salida la aplicación de normas que determinan el deber ser de una situación que por décadas es lo que puede ser. El resultado es un enfrentamiento entre manteros y policías, el último eslabón de la cadena.

El actual conflicto en el microcentro capitalino, nudo neurálgico del comercio, se expresa como una pelea callejera cuando su transfondo es una profunda crisis económica y social, que lleva a cada sector a un intento de salvataje sin códigos. De abajo hacia arriba, se acomodan los protagonistas según su grado de vulnerabilidad.

En la base, centenares de manteros y ambulantes tratan de ocupar el espacio público por el que transitan potenciales consumidores. Esa oferta aflige a una actividad empresaria apretada por cargas fiscales, precios distorsionados por la cotización de una moneda extranjera, altos precios de alquileres y obligaciones laborales de cumplimiento imposible. Todo ello ante un consumo en marcado descenso. En la cúspide se adoptan políticas que apuntan a corregir desviaciones fiscales y a dominar factores que anulan la efectividad de las decisiones, convirtiéndose en boomerangs para gobiernos que expresan una manifiesta incapacidad para definir, no ya un proyecto de desarrollo, sino un modelo de gestión que le permita ganar la próxima elección.

Por ello es que desde el piso donde se apoyan las mantas se escucha la voz de desocupados que tratan de recaudar para asegurar el sustento del día para sí y su prole. Por eso es que  Rosa Girón, una de las manteras, dijo que no se puede acusar a los vendedores ambulantes de que los comerciantes hayan producido 300 despidos en un país donde no hay industrialización ni otras fuentes de trabajo.

El gobierno municipal, que en los últimos 20 años no logró regular –y por momentos, promovió- la venta marginal en calles y parques, dispuso imponer un horario de trabajo irrisorio en el invierno. El Ejecutivo provincial movilizó a la Policía para la represión de la lógica protesta y el Gobierno nacional se ocupó en buscar un pretexto para disimular que ni siquiera puede organizar el Desfile de la Independencia porque las Fuerzas Armadas también protestan.

Los de abajo no son ni culpables ni inocentes. Son la primera trinchera de la lucha por la sobrevivencia. En la segunda línea está la pequeña y mediana empresa comercial. El guante debe ser recogido por quienes gobiernan y no logran dominar la crisis.

Salta, 06 de julio de 2018

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