Esperanzas

Opinion 28 de junio de 2018
Como en los tiempos en que se los mandaba a lavar los platos, los científicos argentinos nuevamente han comenzado a movilizarse. No se reclaman solo mejoras salariales sino el vaciamiento de un área en la que el país muestra avances significativos, ahora en riesgo.
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La de hoy es una jornada de protestas en todas las provincias y tendrá en una concentración ante el Ministerio de Ciencia y Tecnología, su punto culminante. La iniciativa en Salta es sostenida por el Frente de Becarios e Investigadores Salta en Lucha, que integra el Frente Federal de Ciencia y Universidad.

Si bien no es un tema de interés cotidiano de una ciudadanía atosigada por problemas más domésticos, los referentes del sector tratan de visibilizar una situación que afecta los cimientos  de cualquier posibilidad de desarrollo del país. Han denunciado que está en jaque todo el sistema científico porque cada vez hay menos fuentes de financiamiento para las investigaciones, por la aplicación de políticas nacionales que abandonan los enormes esfuerzos humanos y económicos que el Estado y la comunidad científica y académica vienen realizando para el avance de proyectos y para la formación de excelencia de profesionales, a los que se les va dificultando el ingreso al mercado de trabajo local en materia de investigación.

No es una lucha de hoy sino que viene planteándose desde 2016, desde el inicio de la gestión de Cambiemos en la Presidencia de la Nación. En el arranque, se la vio como una puja del inmovilismo que ciertos sectores sostienen para no perder ventajas sectoriales. En realidad, ya se estaba advirtiendo que no sólo iba a plantearse una lucha presupuestaria sino que debían debatirse los fundamentos de una política científica, que se pretendía sirviera a las necesidades de la producción y el  beneficio de las empresas.

Pero el propósito de discutir el rol de la educación, la investigación y la ciencia en el desarrollo del país no se ha planteado, ni aún al momento de definir partidas presupuestarias.  No se han determinado claramente la prioridad, el enfoque y los objetivos propuestos para construir soberanía y resolver problemas productivos, tecnológicos y sociales profundos.

El diputado nacional Roberto Salvarezza, quien fuera presidente del CONICET hasta 2015, advirtió que el ajuste ha puesto al país una vez más ante la posibilidad de una fuga de cerebros, la quinta de la historia nacional. Y no podrá evitarse si se considera a la ciencia como un gasto y no una inversión.

La resistencia, que en este día está sacando a los investigadores de sus laboratorios y espacios de trabajo, está encabezada en Salta por los becarios doctorales, que debieran representar la continuidad de una política científica pero que ven amenazado ese futuro. No sólo demandan mejoras de sus becas sino, especialmente, el pleno financiamiento de los proyectos de investigación y pago de las cuotas adeudadas de subsidios cada vez más mezquinos.

Argentina necesita construir políticas de Estado para evitar el abandono de objetivos de largo plazo, imprescindibles para solucionar problemas cíclicos que destruyen hasta las esperanzas.

Salta, 28 de junio de 2018

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