Fugacidad

Opinion 15 de junio de 2018
El país amaneció hoy con una reforma del gabinete nacional y nuevo presidente del Banco Central. No son decisiones lejanas a la cotidianeidad ciudadana. El Presidente de la Nación tuvo que meter mano para frenar un dólar que no para de subir, desestabilizando los datos con los que el hombre común sabe si se está transitando por una buena senda o si la brújula sigue perdida.
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Con una depreciación constante de la moneda argentina, los que traducen qué está ocurriendo en la economía nacional son los precios. Ellos son impactados por la fluctuación del dólar que, en realidad, es un ascenso sin techo.

De allí que el mandatario nacional haya unificado en el Ministerio de Hacienda la problemática de Finanzas y se llevó al ministro que quedó sin cartera, a la presidencia del Banco Central. La entidad es la clave en este movimiento que permitiría –si no se trata de un nuevo error- que la semana cierre sin turbulencias, como viene sucediendo desde la segunda mitad de mayo pasado.

El Banco Central tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social. Además de esta misión, lo que diferencia a este banco de cualquier entidad financiera y, también, de cualquier organismo de la administración pública, es que no está sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo nacional, ni puede asumir obligaciones de cualquier naturaleza que impliquen condicionar, restringir o delegar funciones y facultades sin autorización expresa del Congreso.

Es el Banco Central el que regula el funcionamiento del sistema financiero, la cantidad de dinero que circula, las tasas de interés y el crédito, al que orienta. Es el que ejecuta la política cambiaria y contribuye al buen funcionamiento del mercado de capitales, entre otras tareas. Esta somera enumeración justifica la preocupación por la integración de la conducción del que parece ser otro poder.

Y con las riendas puestas en manos de Federico Sturzenegger se tensó en extremo la cuerda entre las autoridades económicas del Ejecutivo y el órgano del cual depende la estabilidad monetaria, una de las debilidades de la gestión de Mauricio Macri. Tuvo que mediar la renuncia del presidente y el directorio del Banco Central para que, efectivamente, uno de los amigos íntimos del Presidente y con influencia sobre el Ministro de Hacienda, se quede con la titularidad del Central.

Con cuatro años aún de mandato no hubiese procedido la remoción. Macri no podía incurrir en la falta cometida por su antecesora 8 años antes, cuando provocó un cambio en el Banco Central mediante un escándalo.

Luis Caputo, el nuevo presidente, estará en comisión hasta tanto logre el acuerdo del Senado de la Nación. Pero en ese lapso, se anunció esta mañana que trabajará en equipo con Nicolás Dujovne para normalizar el mercado cambiario, cuya evolución es un elemento de preocupación para la gente.

En principio se ratificó el esquema de flotación cambiaria que se viene aplicando pero habrá aguardar que la fugacidad de las medidas de este gobierno no impida convertir el anuncio en un hecho.

Salta, 15 de junio de 2018

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