Demanda

Opinion 11 de junio de 2018
Luego que la semana pasada el sector de la construcción advirtiera sobre la caída de la actividad, con un impacto directo en el nivel y calidad de empleo, similar preocupación expresó el comercio. El sábado pasado, plantearon sus temores los principales referentes de los empresarios y de los trabajadores. Las cifras les dan la razón.
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Ambos casos son vertebrales para mantener la economía en movimiento. El de la construcción tiene un marcado efecto multiplicador mientras que el comercio, ejercido en la mayor parte de los casos por pymes, es un gran dador de trabajo. Ahora están en un justificado estado de alerta.

La Cámara Argentina de la Construcción, a través de su presidente Gustavo Weiss, dijo que en el país hay 430 mil empleos en riesgo luego que el Gobierno nacional anunciara que buena parte del recorte para cumplir las metas fiscales acordadas con el FMI provendrá de la obra pública. En Salta, según la UOCRA, las obras de viviendas son una desolación, porque los barrios que se levantaban están parados.  En el sector, además, está creciendo el trabajo en negro.

El comercio no le va en zaga. Más de 300 negocios cerrados en los primeros cinco meses del año, significan unos 400 puestos de trabajo según la cámara de los empresarios o el doble, según el sindicato, que sabe del alto nivel de empleo informal. Los motivos de esta crisis anteceden al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional pero con seguridad se profundizará como consecuencia del ajuste exigido.

Es que la situación es una consecuencia directa de algunos factores que se registran desde la mitad de esta década: caída del consumo, alta presión impositiva y créditos cada vez más caros. El comercio minorista es siempre el termómetro de la situación económica: cuando las expectativas mejoran, se incrementan las ventas; en sentido contrario, se configura el actual panorama.

El consumidor mayoritariamente depende de ingresos que crecen a bajo ritmo, con los que debe enfrentar una inflación acelerada, como consecuencia de la depreciación de la moneda. El incremento de tarifas es un cepo que ni empresas ni clientes pueden eludir, aun adoptando conductas restrictivas de consumo. Ajustes que rondan o superan el 40% en el primer cuatrimestre dominan el manejo de los estrechos presupuestos familiares.

Se suma a ello la escasa disponibilidad de créditos, condicionada por altos intereses. La compra en cuotas es un riesgo que puede complicar el futuro inmediato del consumidor, quien se siente empujado a transitar los pasillos de la economía informal para adquirir productos de menor precio aunque de dudosa calidad.

En Salta es inocultable que los negocios más pequeños no se pueden sostener  y pese a insistir en sus reclamos, no les queda otro camino que el cierre. Los empresarios entienden que los gobernantes estén ocupados en la macroeconomía para que las cuentas encajen y baje el déficit fiscal, pero no observan que presten atención a los seres de carne y hueso que hay detrás de esos números.

Hay que reactivar la microeconomía. Tal es la unánime demanda que por este tiempo aúna los esfuerzos de empresarios y trabajadores pero no encuentra oídos atentos.

Salta, 11 de junio de 2018

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