Intención

Salta 04 de junio de 2018
Nunca más oportuna para la Iglesia Católica que la última celebración de Corpus Cristi. La institución necesita de espacios públicos que trasciendan los púlpitos para advertir respecto de las cuestiones que le preocupan porque golpean severamente principios que, quizás, suponía profundamente arraigados en la sociedad salteña. Especialmente se trata del avance del laicismo en la educación y la cuestión del aborto, que no se limita a una debate nacional sobre la despenalización sino que también emerge en distintos aspectos de la vida social.
mario cargnello

Es así que se observó a un entusiasta pastor, demandar la movilización de los católicos para frenar la incorporación del aborto en las prácticas sanitarias. También reclamó enfáticamente a los padres que pidan que se habiliten horarios para el dictado de clases de religión en los establecimientos educativos.

Ninguno de estos temas es novedoso pero el paso del tiempo no juega a favor de una Iglesia que venía confiando en una cobertura normativa que siempre jugó a favor de sus intereses, por razones culturales o sociales. Cuando en la década del 80 se produjo un cambio profundo con la aprobación del divorcio, pareciera que no se advirtió la posibilidad que la sociedad imponga otras reformas demoradas por la influencia de la estructura que conforma un centro de poder que se cobija bajo el paraguas de la espiritualidad.

Esa sociedad es la que posteriormente asumió la inclusión de grupos sociales marginales, como los de la diversidad sexual. No es de otra manera que debe observarse la aprobación de las leyes  de matrimonio igualitario y la identidad sexual. La batalla que se desarrolla en estos días es de fondo y más allá de la altura del debate en curso, el posicionamiento de los legisladores que deben decidir sobre la consideración que se dará al aborto, es lo que realmente preocupa a la Iglesia, que no demoró en ubicar al mecanismo de interrupción de un embarazo como un atentado contra la vida humana.

La contundencia de la exhortación del Arzobispo de Salta a reaccionar frente a una realidad que no le es propicia, lleva al mensaje de la Iglesia a denunciar como ataques a todo aquello que no es más que el legítimo derecho de la sociedad a organizarse sobre la base de normas que nacen del consenso cívico. Pese a que tiene activa participación en todos los ámbitos, la Iglesia se siente discriminada por lo que pidió a sus miembros a una acción decisiva porque “la dignidad de la vida no se sostiene desde una actitud autista”, según la voz de monseñor Mario Antonio Cargniello, obviando que es una referencia dolorosa para quienes portan una enfermedad o una discapacidad.

Se nota nerviosismo y molestia y no es un buen ánimo para orientar a una comunidad que está tomando decisiones trascendentes.

Salta, 04 de junio de 2018

Te puede interesar