Fin de ciclo

Opinion 04 de junio de 2018 Por
En la columna de hoy quería reflexionar con ustedes acerca de porque América Latina se quedó sin presidentas mujeres, es decir volvió a una situación que le era ajena desde hacía más de una década. En la actualidad ya no hay mujeres que ejerzan la presidencia en ningún país de la región.
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La última presidenta que tuvimos en Sudamérica fue Michelle Bachellet, quien en marzo pasado fue sucedida por el multimillonario Sebastián Piñera.

Cuando Bachellet asumió su primer mandato en 2006, América Latina pareció darle un giro a su historia de dominio masculino absoluto en los cargos más altos de poder. Al año siguiente, es decir en 2007 ocurrió la victoria de Cristina Fernandez de Kirchner en las elecciones presidenciales de nuestro país, ya en 2010 la tendencia se afianzo con la elección de Dima Rousseff en Brasil y también de Laura Chinchilla en Costa Rica.

Este fenómeno de ascenso de las mujeres sorprendió al mundo, ya que la igualdad de género en la politica se volvió algo más que un simple slogan a pesar de la vieja tradición machista.

Como ya dijimos, América latina se quedó sin presidentas, lo cual obliga a preguntarnos porque. Es una realidad que tiene que ver con que de pronto las mujeres avanzaron tanto que asustaron a todos? O si América Latina ha cambiado realmente en cuanto al machismo, sexismo y poder?

Si miramos para atrás podemos decir que la historia de mujeres presidentas en los países latinoamericanos se inició bastante antes de esta última década. En el caso argentino Isabel Martínez fue la primera en llegar a ese cargo en 1974, aunque claro está, lo hizo tras la muerte de su esposo el general Juan Domingo Perón. También en otros países hubo mujeres que encabezaron gobiernos, como ocurrió en Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Panamá, ya sea como mandatarias electas o interinas.

Pero la llegada al poder de Bachellet, Fernandez de Kirchner y Dima Rousseff fueron especiales, porque en pocos años hicieron que un gran sector de la población y de la economía pasara a estar presididas o encabezadas por mujeres. No obstante, este primer ciclo de mandatarias contemporáneas en estos tres grandes países de la región, concluyeron su mandato de un modo que parece estar un tanto lejos del ideal. Veamos porque.

Rousseff fue destituida por el congreso en un juicio político por manipulación presupuestaria y en medio de escándalos de corrupción que involucro a su partido y a la clase politica brasileña en general. En Argentina, tras concluir su mandato y ser reemplazada por Mauricio Macri, la expresidenta enfrenta un procesamiento por corrupción y un pedido de desafuero como senadora nacional por el supuesto encubrimiento de Irán en el atentado a la AMIA. Tanto Dilma como Cristina rechazaron las acusaciones y señalaron la utilización del aparato judicial como arma para destruir a la politica y perseguir a los líderes opositores. Opinión que por cierto comparto.

En Chile, la popularidad de Bachellet se recuperó tras el escándalo por un caso de venta de terrenos que involucro a su hijo. La mandataria había dicho que no le gustaría pensar en el hecho de que el continente se quede sin mujeres presidentas, ya que sería un paso atrás en la lucha por la igualdad de género. Igualdad que por cierto aun incluye demandas básicas como el fin de la violencia de género y los femicidios.

En este sentido tanto Cristina Kirchner como Dilma, impulsaron medidas para combatir la violencia de género, endureciendo las penas previstas para ciertos crímenes. Aunque muchas feministas le reprochan el haber evitado el debate sobre el aborto y los derechos reproductivos femeninos. En este tema debemos reconocer que Bachellet si libro la batalla en este delicado tema y señalo como uno de sus logros la aprobación de una ley que despenalizo parcialmente el aborto por tres causales: en caso de violación, cuando el feto es inviable o cuando la vida de la madre está en riesgo.  

De todos modos y a pesar de los avances y retrocesos, el camino ha quedado despejado para que otras mujeres vuelvan al poder, aunque también no es menos cierto que el retorno a los viejos estándares puede ocurrir más rápido de los que muchos creen y sino miremos lo que paso en Brasil, que paso de tener una presidenta que había nombrado la mayor cantidad de ministras en la historia de ese país, 18 en total, a un mandatario como Michel Temer que designo al asumir, un gabinete exclusivamente de hombres.

Salta, lunes 04 de junio de 2018.

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