Cambio

Opinion 15 de mayo de 2018
Las pruebas Aprender vienen arrojando malos resultados, sobre todo en lo que respecta a los alumnos de secundaria. Los estudiantes de la Provincia de Salta no son la excepción y engrosan las cifras de los de quinto y sexto año que no pueden resolver problemas matemáticos sencillos ni comprenden textos básicos. De allí que genera expectativas la aplicación del Programa Secundaria 2030, que a fines del año pasado aprobara por unanimidad en el Consejo Federal de Educación.
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La evaluación, que comenzó a aplicarse en 2016 pese a la resistencia de no pocos docentes, muestra las razones por las que especialmente ese nivel del sistema educativo acumula una serie de problemas como repitencia, abandono, sobreedad y baja tasa de egreso efectivo.

El promedio nacional indica que solo 5 de cada 10 chicos terminan el colegio y en la Provincia ese promedio se eleva en algunas jurisdicciones. Los chicos empiezan a abandonar en segundo o tercer año, pero la mayoría arrastra una repitencia anterior, según confirmaron las autoridades del Ministerio de Educación de la Nación, que activamente participan del análisis y reversión de esta situación. Especialistas de esa cartera se sumarán a partir del próximo jueves a la tarea de elaborar en Salta un plan estratégico del nivel secundario a desarrollarse hasta 2025, que deberá ser presentado en noviembre próximo.

Ya hay un trabajo avanzado que tiene que ver con la identificación de las causas de estos problemas a fin de determinar en qué estrategias educativas se deberá hacer foco. El diagnóstico elaborado es hacia el interior de las instituciones educativas, aun cuando el contexto también resulta condicionante, por lo que las autoridades de la Provincia no hablan de reforma educativa sino de encarar nuevas formas de aprendizaje, superando prácticas pedagógicas tradicionales.

Las bases de la tarea han sido definidas para todo el país, partiendo la necesidad de dotar a los estudiantes de pensamiento crítico, de capacidad para resolver problemas, de habilidad para la comunicación y la adquisición de valores como el compromiso y la responsabilidad. Los esfuerzos apuntarán a contener a niños y adolescentes dentro del sistema, evitando la deserción, mediante nuevas vías de calificación.

Para modificar la lógica estudiantil asentada sobre la pasividad, también habrá un trabajo significativo sobre los docentes y los equipos directivos que, a la postre, son quienes determinan el éxito o el fracaso de cualquier política destinada a producir los resultados demandados. Si no hay apertura ni flexibilidad para comprender que los resultados negativos de las evaluaciones son responsabilidad de quienes conducen los procesos educativos en las aulas y en las instituciones, no habrá lugar para el verdadero cambio. Y no se abrirán las puertas a la que está golpeando la fuerza de la historia.

El retroceso de la educación argentina no es un supuesto y hasta se puede señalar como causa y consecuencia de las crisis recurrentes de un país que no encuentra su rumbo. Por eso, esta tarea es impostergable.

Salta, 15 de mayo de 2018

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