Fantasma

Opinion 08 de mayo de 2018
El fantasma del 2001 levita sobre la caótica situación de la economía nacional. Lo agita el hombre común que, sin herramientas teóricas pero con una fuerte carga empírica, enfrenta en este tiempo los embates de una inflación que carcome sus ingresos. Más allá del oportunismo de algunos sectores políticos y del aprovechamiento que grupos de poder pretenden hacer de la debilidad del gobierno respecto del encauzamiento de la situación, hay señales que afianzan legítimos temores.
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La prepotencia de funcionarios públicos del Banco Nación corporizó al peor de estos fantasmas, el del corralito. Determinaron que el titular de una cuenta de ahorro en dólares retire una cifra fija y por todo el mes y no pudieron explicar sobre qué norma lo hacían. El resultado fue que obligaron a la intervención extrajudicial del Defensor Oficial de los Tribunales Federales de Salta, Martín Bomba Royo, quien intimó a la Sucursal del  banco oficial  a que inmediatamente proceda a la devolución de la totalidad de los fondos depositados en esa cuenta de ahorro advirtiendo que, en caso contrario, se iniciarán acciones legales correspondientes con los daños y perjuicios.

La actitud del funcionario judicial coloca el trance por el que atravesó este ahorrista muy lejos de los avatares de comienzo de siglo, que terminaron con la caída de un gobierno. En este caso, por encima de políticas económicas o volatilidad de mercado, se impuso el derecho constitucional de propiedad y de libertad de disposición patrimonial. Se reconoció, a diferencia de 2001, la arbitrariedad e ilegalidad palmaria configurada por el proceder del personal de la institución financiera.

Si bien se trata de una cuestión puntual, debe reconocerse que el conjunto de hechos que vienen sucediéndose advierte que hay una fuerte tensión entre los intereses generales y los de grupos, que el Gobierno Nacional no muestra que esté resolviendo. Esta aparente vulnerabilidad está dañando la confianza en torno de una gestión ratificada hace un poco más de cuatro meses en elecciones generales.

La atención ciudadana  se viene concentrando en el comportamiento de una moneda extranjera que, si bien la mayoría de los argentinos no la posee, tiene fuerte impacto en uno de los factores más sensibles de la economía, como lo son los precios.  Que el dólar inicie la jornada trepando en su cotización, es interpretado como una inmediata suba de los precios de productos de mayor consumo, la retracción de las compras y el enfriamiento consecuente de la economía, con su secuela de desocupación.

Los especialistas, sean operadores del mercado, empresarios o académicos, están observando con preocupación el impacto de las decisiones y hasta de gestos de la alianza gobernante, por la falta de consistencia de sus respuestas. Desde algún sector ya se está demandando un acuerdo económico-social; otros advierten la posibilidad de parar el país para torcer el rumbo impuesto por las autoridades económicas.  

Es el momento de exhortar a la razonabilidad, especialmente de la oposición, a la que la ciudadanía le confió el control del gobierno. Ese es un dato clave.

Salta, 08 de mayo de 2018

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