Conmemoración

Opinion 01 de mayo de 2018
El mundo se concentra hoy en una de las conmemoraciones más empinadas de la humanidad. Es la jornada que rinde homenaje al trabajo, la actividad más relevante de la persona; la que da dignidad al hombre y a la mujer.
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A casi un siglo y medio del hecho que marcó el punto de inflexión en la lucha por los derechos laborales, la jornada fue mutando de un día de reflexión, de toma de conciencia sobre la condición de trabajador  a una celebración que mayoritariamente se agota en lo festivo. Pero hay situaciones que ya no justifican ese tono.

El Día del Trabajo en 2018 encuentra a Salta con un hecho emblemático que refleja el retroceso que en las condiciones laborales se viene sufriendo especialmente desde la década del 90 en la Argentina y anticipa lo que podría venir si los gobernantes no encuentran su lugar como armonizadores de intereses contrapuestos. En este 1 de mayo, el cierre del Ingenio San Isidro es un baldón que le resta sentido a cualquier discurso que no reconozca  un fracaso de la política y no exprese un reclamo contundente.

De todas maneras la conmemoración muestra la situación por la que atraviesa  la representación gremial de los trabajadores en el país y en la Provincia. La fragmentación de la misma justifica la multiplicidad de actos y el sentido que tienen, concentrado en la posición que ocupa cada sector en la puja por el poder, la que no ha servido por ahora para resolver los problemas de sus representados.

Esta lucha, que excluye a los propios trabajadores, marca la distancia creciente entre buena parte de la dirigencia y sus bases. Es así que más de 200 referentes de organizaciones gremiales se reunieron con el gobernador Juan Manuel  Urtubey en una cena de la que se fueron sin anuncios ni compromisos serios y en la que se coló la pretensión presidencial del mandatario. Nada diferente resultó del acto central que tradicionalmente se realiza en el barrio San José, aunque ya sin la injerencia de un mensaje combativo de la Iglesia.

El Gobernador ponderó que en Salta no se ha usado a los trabajadores como la variable de ajuste para lograr un Estado eficiente y equilibrado, aseveración incomprobable luego que se conociera la deficitaria situación al cierre del anterior ejercicio fiscal. Tampoco resultó convincente, a más de diez años de gestión con altos índices de trabajo informal, su intención de encontrar mecanismos de cobertura y protección para trabajadores que no tienen un trabajo registrado. Al menos marcó que para superar esa situación se necesita coraje político.

Más allá de los aciertos o desaciertos de la dirigencia, este día debe servir para que el trabajador  reflexione sobre su propia realidad y obre en consecuencia.

Salta, 01 de mayo de 2018

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