Coalición

Opinion 09 de abril de 2018
El pasado fin de semana se ha planteado la posibilidad de imponer una coalición de gobierno. No hay muchas experiencias en el país, donde los antecedentes registrados son de algunas posiciones frentistas o de alianzas, generalmente de carácter electoral y que se agotan a poco de armar gobierno.
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La tarea ha sido propuesta por la Unión Cívica Radical, un partido más que centenario, que trata de salvar su propia estructura pero también sostener  su participación en la conducción del país, imponiendo una nueva concepción del acuerdo alcanzado para ganar la elección presidencial de 2015 y para intentar un crecimiento en ámbitos legislativos, en 2017.

El armado de gobiernos en base a coaliciones es muy común en una parte central del mundo, como es el viejo continente europeo. No es el caso del americano, donde las experiencias son escasas y pocas exitosas, como ocurriera en Chile a partir de la salida de la dictadura militar pinochetista. Pero tras su deliberación el sábado pasado, el Comité Federal de la UCR lo planteó en un documento en el que señaló que es imprescindible ahondar en una verdadera coalición de gobierno entre los partidos que componen el Frente Cambiemos, con el propósito que sea efectivamente la gran herramienta transformadora de la ciudadanía.

La experiencia puede resultar importante para un país que no ha podido consolidar un proyecto político de desarrollo y padece un marcado déficit de calidad institucional. Precisamente por estos tiempos la caída en el aprecio social de la Justicia, el sostenimiento a rajatablas de funcionarios sospechados de corrupción y del uso de prácticas deleznables en cualquier sociedad democrática, como son el espionaje de opositores u operativos mediáticos para dañar figuras públicas, dan cuenta de  la necesidad de mejorar el funcionamiento de sus instituciones.

Una democracia en crecimiento, como es la argentina, requiere fortalecer la confianza ciudadana en sus modos y formas. Sin embargo, acontecimientos recientes dan cuentan que los esfuerzos no parecieran orientarse a resolver los problemas estructurales que presenta la Argentina sino a solucionar los problemas que tienen los grupos de poder.

El pronunciamiento del radicalismo, que se reunió el fin de semana en Mendoza, puso en la superficie esta cuestión. Propuso convertir a la alianza gobernante en una verdadera coalición de gobierno que se forje sobre la igualdad, no de cargos en la burocracia, sino de trato entre las fuerzas que integran el frente.

Más allá que se trata de una declaración de partícipes de un gobierno que no puede mostrar, a dos años de gestión, sus logros en materia de desarrollo humano sustentable, empleo, educación, producción, género, diversidad, ambiente, energía, comunicaciones, integración, defensa nacional, etc. –como el propio documento señala como objetivos del sector- lo cierto es que se ha introducido un nuevo elemento para el debate político.

Salta, 09 de Abril de 2018

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