Liderazgo

Opinion 30 de marzo de 2018
La Iglesia Católica está hoy en el centro de la atención del país. Ha llegado a su celebración más importante durante la cual intenta reagrupar su cuerpo, que no es otro que millones de argentinos que con más o menos fe, esperan su palabra.
vera-y-el-papa

Es la institución social más importante y sus juicios preocupan a los gobiernos, cualquiera sea su adscripción política. Sus mensajes se transmiten desde los púlpitos y también por documentos que se difunden con la preponderancia de un mensaje presidencial.

Su acción pastoral es territorial por lo que difícilmente quede fuera de su mirada alguna situación social preocupante, a la que denuncia si así conviene a sus propósitos o calla, si el silencio se aviene con  sus intereses. Es que es una institución humana.

Por este tiempo ha comenzado a levantar la voz respecto de la situación económica y social. Hay señales de que la Iglesia ha comenzado a inquietarse, especialmente cuando su cúpula no se ha integrado como interlocutora del gobierno. Pero la Iglesia habla no solo a través de sus obispos y sacerdotes; lo hacen en su nombre referentes sociales prestigiosos por su acción comunitaria. Y no se trata solamente de la emisión de opiniones; también están desplegando acciones.

Es el caso de Gustavo Vera, que preside una fundación que atiende flagelos sociales como la trata de persona pero que se destaca por su cercanía personal con el Papa Francisco, cercanía que se expresa en diálogos casi cotidianos con quien es uno de los principales líderes del mundo. Visitó Salta para organizar un movimiento que sea la voz de la demanda social desatendida.

A través de Vera, la Iglesia transmite la visión más crítica sobre un gobierno al que cuestiona por su negativa al dialogo, a generar políticas públicas para encontrar consensos con PYMES y el movimiento obrero, por plantear una confrontación absurda con los sindicatos y la propia Iglesia y no reconocer una oposición salvo la que le es funcional. Lo que se observó con este desplazamiento de un dirigente bien valorado es que trabajará especialmente con el movimiento obrero, hoy descabezado y necesitado de un liderazgo fuerte.

Se puede interpretar que el vacío que dejan partidos políticos en crisis, direcciones gremiales cuestionadas y problemas sociales irresueltos podría ser cubierto bajo la conducción de una imagen fuerte y lejana físicamente pero de indiscutible pertenencia a la sociedad argentina, como es la del Papa Francisco. Y nadie lo discutirá.

Salta, 30 de marzo de 2018

Te puede interesar