Sinrazón

Opinion 29 de marzo de 2018
La violencia no cesa. De manera creciente, sigue tomando diferentes formas de expresión. Anoche fue el turno del Gobernador de la Provincia, quien reconoció que fue golpeado por estudiantes que reclamaban por las restricciones del boleto gratuito
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Días pasados se repitió el viejo modo de protesta de pequeños grupos que se apropian de la vía pública  porque ellos tienen problemas sin resolver; antes fue la confrontación entre sectores que hacen una valoración particular de momentos históricos. Hay que sumar las demostraciones de fuerza respecto de quienes tienen mayor capacidad para llenar las calles para demandar o repudiar la legalización del aborto o el cercenamiento de cualquier expresión que no se ajuste acabadamente al pensamiento de grupos radicalizados, como el de feministas. Y la lista sigue.

Hay múltiples excusas para justificar esa violencia de parte de los que son protagonistas de los hechos como de otros que aprovechan que se agitan las aguas, para salir de pesca. En el otro extremo están quienes son el objetivo de los violentos o, por lo menos, los responsables que el clima social se mantenga en caja. También suelen desplegar un muestrario de razones para tomar distancia y dejar a la sociedad indemne ante los extremismos.

El Gobernador de la Provincia explicó los hechos acaecidos en el predio de la Universidad Nacional de Salta, donde concurrió a dictar una clase como profesor invitado de la cátedra de Derecho Constitucional de la Facultad de Ciencias Económicas y fue abordado de manera intemperante por un grupo de estudiante, que interrumpieron su clase primero e impidieron que se retire, después. Al pronunciarse sobre la cuestión usó lugares comunes como que la acción fue llevada adelante por minúsculos  grupos que buscan provocar a través de la violencia, para la que ya no hay más lugar. Y expresó su convicción de que no tiene que ver con lo que piensa la gran mayoría.

Esa mayoría esta presa entre quienes, en nombre de su libertad de protestar, avasallan la libertad de los demás y los que no actúan para protegerla, para no quedar entrampados en la acusación de estar criminalizando la protesta. El propio mandatario provincial se corrió de lo que llamó una lógica feudal de creer que todo responde a directivas de gobierno y abonó la idea que ésta es una sociedad libre en la que suceden distintos tipos de situaciones, de las que el gobierno no se va a hacer cargo. Y esas situaciones son obra de minorías que militan en la peregrina idea de ganar la calle para cambiar el orden de las cosas porque no les gusta cómo se gobierna.

La sociedad, en consecuencia, queda expuesta a la extorsión de las minorías en un país que ya sabe qué sucede cuando se insiste en imponer posiciones sectoriales, al margen del orden consecuente con la voluntad de las mayorías. Y a ese orden debe recurrir sin necesidad de buscar razones a la sinrazón.

Salta, 29 de marzo de 2018

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