Monarquismo

Opinion 09 de marzo de 2018
La semana se inició con la irrupción intempestiva de un debate, en principio, muy alejado de las urgencias ciudadanas. Pero es un tema de fondo, de esos para los cuales nunca pareciera haber un momento propicio. Precisamente y apenas insinuada la posibilidad de la reforma constitucional, la discusión se ubicó sobre dos aspectos relevantes. Uno de ellos es la oportunidad y el otro, los promotores de la iniciativa.
urtubey romero

Sabido es que hay consenso en torno de la importancia que para una comunidad organizada reviste la Constitución, como eje regulador de la vida social, política e institucional. Ese reconocimiento se proyecta sobre la cuestión de la reforma, que parte de la declaración de su necesidad. Ese es el punto que, desde 2003, no ha sido habilitado para la discusión, pese a los denodados esfuerzos desde distintos sectores políticos.

Que ya hay una confluencia de opiniones favorables a encarar la tarea, quedó ratificado a través de voceros de esos sectores, algunos de los cuales fueron convencionales; esto es, cargan sobre sus espaldas con la responsabilidad de aciertos y errores de la que está vigente. Ellos se reunieron en torno a la mesa que tiende para la discusión política el programa Cara a Cara.

Quizás el tema más convocante es el de los mandatos en los tres poderes del Estado, aún cuando algún dirigente observa la necesidad de pensar en la Provincia de tres décadas en adelante. Con esa motivación y atendiendo al error institucional de la última reforma, tal como fuera reconocido, el mayor esmero debe ponerse en la oportunidad.

Y en ese punto las aguas comienzan a dividirse y se van por dos cauces. El momento es ahora, ante la voluntad política de sectores mayoritarios por imponer el debate y ante la existencia de muchos proyectos con ese fin. O el momento debe estar determinado por el inicio de un nuevo gobierno provincial, tras las elecciones de 2019.

En el primer caso, el debate debe comenzar de inmediato y desarrollarse con intensidad. Será la única manera de no volver a caer en el acatamiento a la voluntad de un líder totalitario o, peor aún, allanarse a los términos de un acuerdo espurio. Lamentablemente no acompañan los números en la Legislatura para evitar caer en la trampa de un poder hegemónico.

De esa manera, el punto principal de la discusión se desplaza hacia los promotores de la pretendida reforma.  Se trata de las dos personas que han dominado el poder político provincial en el último cuarto de siglo, escudándose en un partido decadente que solo está sostenido por su ambición de poder, con un discurso vaciado de contenido. La prueba son las ignominiosas imágenes de los más pobres entre los pobres intentando alcanzar cajas de alimentos en el territorio dominado por la dupla acuerdista.

La intervención de Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urtubey en la puesta en marcha de este debate, obliga a develar las verdaderas intenciones que los alienta. Los afanes continuistas se reflejan en la creación de líneas sucesorias, como si el poder republicano que determina la Constitución fuese monárquico. Quizás pretendan precisamente eso.

Salta, 09 de marzo de 2018

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