Tarea

Opinion 05 de marzo de 2018
Con el avance de marzo tomó gran impulso un año que aparece como muy difícil para los salteños. La tensión social crece como consecuencia de la falta de solución a situaciones de larga data, por ausencia de políticas de desarrollo. Y no pareciera que una reforma constitucional resuelva un presente conflictivo ni proyecte un futuro promisorio.
constitucion slata

La Constitución básicamente define las relaciones entre los habitantes y el Estado y las formas de la organización política. En consecuencia, no se le puede asignar poderes especiales. Jorge Sarmiento García, un académico y jurista de nota, destaca que una Constitución resulta eficaz y benéfica cuando es la expresión de un orden político ya existente, de relaciones legítimas y estables entre la clase dirigente y el pueblo. Es por ello que ninguna Constitución, así sea la más perfecta en el plano de los principios, logra imponer por sí misma un orden donde las condiciones para ello no imperan por la falta de una clase dirigente representativa.

Otro aspecto que destaca es que la Constitución debe ser estable y perdurar en el tiempo, a efectos -entre otros- de que sea para el ciudadano un verdadero “catecismo cívico”. Ello no significa que su contenido sea intocable, impidiendo su perfeccionamiento, sobre todo frente al desafío del mundo actual, con su avalancha de novedades tecnológicas y el nuevo escenario que presenta la globalización. Por ello es que desde Juan Bautista Alberdi se recomienda que contenga las cosas más fundamentales, referirse a los hechos más esenciales del orden político.

Frente a un complejo panorama político y ante la inminencia de un nuevo año parlamentario provincial nuevamente emerge para la discusión la cuestión de una reforma, que planea sobre la cuestión de los mandatos sobre la que no hay mayores disensos entre los distintos sectores políticos. Sobre ese único tema giró la última, que constituyó un verdadero escándalo institucional. 

Sin embargo, difícilmente se trate de una necesidad urgente para los salteños; ni el destino de los mandatos ni siquiera una reforma amplia o acotada. Crear consenso en torno de la temática sería el primer paso y para ello la oportunidad es clave.

Reducir plazos que fueron ampliados o poner límites a mandatos indefinidos no necesitan de un proceso que demanda esfuerzos, distrae la atención ciudadana y exige la inversión de ingentes recursos, escasos o hasta inexistentes. Es razonable suponer que alcanza con la autolimitación de quienes ejercen el poder político:

Un somero análisis de la realidad muestra la primacía de política sobre los preceptos jurídicos, que se manifiesta en la distribución del poder. No hay un equilibrio entre los tres poderes republicanos, como manda la Constitución y eso no pareciera preocupar a los políticos. La Justicia, el Congreso y toda estructura de control eluden poner en caja al Ejecutivo, que encarna una concentración de poder en un virtual caudillismo.

Se puede reformar la Constitución; debe debatirse cuándo, cómo y porqué. Y esa es una tarea de toda la sociedad no de una elite, casta o grupo.

 

Salta, 05 de Marzo de 2018

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