Conflicto

Opinion 22 de enero de 2018
Un alto punto de conflicto político, económico y social se instaló en la localidad de Campo Santo. Cesó su actividad la principal fuente de trabajo, iniciando un período de incertidumbre que se extenderá por no menos de 60 días.
san isidro marcha

El ingenio San Isidro ingresó el viernes último en un proceso preventivo de crisis, precedido por rumores que insistentemente indicaban que la empresa que lo explota tenía la intención de llegar a un cierre definitivo. Durante varios días no se reconoció que estaba planteada tal posibilidad ni en el Gobierno Provincial ni en medios gremiales.

Hasta el momento y con más de 400 trabajadores activos en este período de producción gozando de forzada licencia, las puertas del establecimiento están cerradas. La decisión tuvo una fuerte repercusión porque es una empresa más que se suma a otras que están anunciando su imposibilidad de seguir operando, con el alto costo social en desocupación.

Las razones esgrimidas por el Grupo Gloria, de Perú – propietaria del San Isidro desde 2011- apuntan a un modelo de negocio en crisis que afecta a toda la industria azucarera argentina pero especialmente señala la intransigencia del sector gremial de no aceptar una reingeniería en la estructura de personal, que haga posible la continuidad de las actividades. De allí que le dio a su propósito un carácter irrevocable, lo que hace suponer que el proceso para el cierre definitivo de la planta ya está en marcha.

Desde el sector gremial, en tanto, consideran que es una nueva extorsión de la compañía, que ya tiene antecedentes al respecto. La visión del Sindicato de Empleados, que encabeza Mariano Cuenca, es que los verdaderos objetivos son los de cercenar derechos y lograr resentir el ánimo de los trabajadores para bajar sus pretensiones salariales. Con esa convicción iniciaron trámites para exigir que los trabajadores retomen sus puestos de trabajo.

En torno de esta pulseada hay toda una región impactada, dada su vulnerabilidad. El departamento de General Güemes fue uno de los más afectados en la década del 90, ya que no solo sufrió el cierre del Ferrocarril Belgrano sino que venía de haber perdido la fábrica de cemento y sumó la quiebra del San Isidro.  En veinte años pudo recomponer algunos parámetros pero su población aún vive las secuelas de la destrucción de un aparato productivo, que se está rediseñando.

Desde el Gobierno Provincial no hubo aún un pronunciamiento público. Voceros de la empresa, en declaraciones periodísticas, revelaron que en el Ejecutivo encontraron un profundo compromiso y trataron de salvar la situación.

Ojalá no termine con un reconocimiento de que se trata de un problema de privados con privados.

Salta, 22 de enero de 2018

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