Inflación

Opinion 12 de enero
La inflación en diciembre fue del 3,1% y llegó al 24,8% en 2017. Con estos datos, el problema es central para la gestión económica del gobierno y una preocupación de los argentinos.
INFLACION

En el país, la inflación es un problema crónico y no son muchos los que lo comparten. Las inflaciones superiores al 10% anual son en la actualidad una excepción mundial. En la región, sólo Venezuela, con una inflación no reconocida oficialmente del 2.616 %, supera a la Argentina.

Y no se trata solamente de un tema sin resolver en el año que pasó ni en los dos últimos, ya en manos de otro grupo político. Tampoco es un problema heredado de los doce años de kirchnerismo; a lo sumo  puede cargársele la responsabilidad de no haberlo resuelto y, peor aún, de ocultarlo alterando las mediciones.

Como tema de estudio ineludible para los especialistas, no hay arista que no se haya observado ni propuesta de control que no se haya formulado. Lo único cierto y preciso es el reconocimiento que el país ha convivido con la inflación durante casi toda su vida organizada como Nación. Hay datos que permiten colegir que  hubo períodos de elevada inflación a fines del siglo XIX; habría alcanzado cerca del 50% en 1891, cuando la devaluación fue del  54%, según refiere el economista Mario Rapoport.

En las últimas siete décadas, en que se calcula el índice de precios al consumidor, se registra inflación y con guarismos elevados. Un análisis del economista Raúl Veiga indica que el promedio de inflación de la década del 50 fue superior al 30%; el de la década del 60, un 22% y el de la década del 70, un 133%. Desde 1943, la Argentina registró tasas inflacionarias anuales menores al 10% sólo 14 veces., ocho de las cuales se concentran entre 1994 y 2001, es decir durante el plan de Convertibilidad que ató el peso a la evolución del dólar.

Hubo inflación bajo cualquier circunstancia política. Es así que en la última dictadura la tasa de inflación anual promedio superó el 185%, pese a que el gobierno manejaba todas las variables, sin necesidad de negociar con nadie, sin paritarias, con una economía abierta y con todas las posibilidades de achicar el gasto público. Desde la segunda mitad del siglo pasado no faltaron los planes anti inflacionarios, algunos planteados como intentos desesperados para contenerla.

 En la Argentina es una cuestión cultural, dicen algunos estudiosos y los expertos reconocen que la inflación de la última década cambió hábitos de consumidores, poniendo a los otrora poderosos supermercados al borden de un ataque de nervios por la pérdida de terreno.

La inflación no es un fenómeno inocuo. Golpea, desestabiliza, impide la planificación y, lo que es peor, se devora los salarios. Convierte a los sectores populares en sus principales víctimas.

 Hay que enfrentarla, doblegarla y derrotarla, como lo hicieron países vecinos como Chile, Bolivia, Perú y Brasil. Es una obligación nacional.

Salta, 12 de enero de 2018

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