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Opinion 09 de enero
Cambiaron autoridades en el hospital San Vicente de Paul de Orán. Laura Moyano asumió la gerencia y fue la primera medida como repuesta a una fuerte movilización social en reclamo por la situación del nosocomio, aunque el titular de la cartera sanitaria consideró que un cambio de gerente no significa que algo esté mal.
oran

Con 37 años sobre sus espaldas y un desatención que se profundizó en los últimos tiempos, en una asamblea de trabajadores que sucedió a una movilización de usuarios y vecinos en general, se describió el estado del nosocomio como crítico, con pronóstico reservado y conectado a un respirador artificial. Nada ha cambiado desde ese diagnóstico pero en el acto de renovación de autoridades, el ministro de Salud nuevamente ha anunciado mejoras.

Por la conducción del San Vicente de Paul han pasado muchos médicos que se han dedicado a la política y ocuparon distintos cargos electivos, dando fe de su apego a la cuestión social y su inserción comunitaria. Pero evidentemente lo que requiere el hospital son inversiones y cuidados acordes al rol que cumple en la región.

Con el cambio concretado ayer fue desplazado una especie de todo terreno, que no ha demostrado mayor efectividad a la luz de los resultados alcanzados, especialmente en la segunda gestión al frente del hospital, iniciada en octubre de 2016. Nicanor Sosa ya había ocupado ese cargo en otra gestión de gobierno;  también fue intendente de Hipólito Yrigoyen y destituido por mal desempeño. Pero continuó en la política y en la función pública, fue diputado provincial por Orán y también ocupó la Coordinación de Gestión de la Región Sanitaria Norte. Ahora se lo llama a ocupar otro lugar dentro de la estructura sanitaria, dijo el ministro.

El nosocomio fue inaugurado el 2 de mayo del año 1.980, sobre un proyecto concursado en 1969. Brinda cobertura de salud a más de 250.000 personas de Orán, y de poblaciones cercanas, como Hipólito Irigoyen, Pichanal, Colonia Santa Rosa, Urundel, Embarcación, Aguas Blancas, además de parajes rurales como Isla de cañas, San Andrés, Los Blanquitos, los Naranjos, Los Toldos y otras. Atiende a diario en consultorios externos y en el servicio de Guardia, a más de 600 pacientes.

Sin embargo, ahora le falta material de trabajo y especialmente recurso humano especializado. Desde el propio Estado se reconoció que el hospital San Vicente de Paul está colapsado, al punto que no puede enfrentar ninguna situación al margen de la rutinaria. Eso hace temer sobre su capacidad para atender una emergencia en una región que tiene siempre el riesgo de epidemias de dengue, zika y otras patologías similares. 

La expectativa quedó por ahora centrada en crédito no reembolsable que recibirá la Provincia por 8 millones de euros, para fortalecer los hospitales San Bernardo y San Vicente de Paul. La promesa del ministro Roque Mascarello es que llegarán ecógrafos, mamógrafos, equipamiento para laboratorio, sala de neonatología, terapia intensiva y camas para personas que sufren de obesidad.

No solo Orán espera que esta vez sí se cumplan los anuncios. Toda la Provincia necesita del reforzamiento de esa frontera sanitaria que representa el San Vicente de Paul.

Salta, 09 de enero de 2018

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