Enmienda

Opinion 22 de diciembre de 2017
La semana cierra con buenas noticias para el Ejecutivo provincial pero también lo deja parado frente a un espejo que no le devuelve la mejor imagen. La Legislatura sancionó esta semana el presupuesto 2018, dejando intactas sus facultades para aplicarlo según sus necesidades de gestión. También las amplió autorizando a ciegas el endeudamiento que fuera menester.
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Los legisladores oficialistas no quedaron conformes con esta sanción. Si bien disciplinadamente pusieron el número para su aprobación sin modificaciones, advirtieron que no es el mejor cuadro de gastos y recursos que tuvieron que tratar.  El papel de la oposición fue más cómodo; mostró razonabilidad al no poner obstáculos a que el Gobernador cuente con ese presupuesto, a sabiendas que no será aplicado conforme la decisión legislativa. Además, hizo un buen esfuerzo por imponer reformas en el tratamiento en particular aunque el resultado fue infructuoso.

Un análisis de la iniciativa fundamenta el mote de Presupuesto del  Ajuste, no sólo por la oportunidad sino por medidas que, efectivamente, restringe el gasto público. Fue coincidente el reclamo de diputados y senadores de toda la provincia en torno de la reducción de obras y la preocupación por un ordenamiento de prioridades que deja afuera cualquier ajuste salarial e impone un retorno a prácticas discrecionales financiadas con fondos que los intendentes disponían autónomamente. 

El oficialismo calificó al presupuesto como austero  o pobrísimo, como lo señaló el propio presidente de la Cámara de Diputados. La preocupación, en realidad, no solo transita por las dificultades que va a enfrentar la gestión por la falta de recursos sino por las redefiniciones de carácter político que se están imponiendo.

El panorama es muy desalentador alertaron quienes tuvieron la responsabilidad de aprobar un presupuesto posible, según los que lo confeccionaron. Como ejemplo se ha citado que el punto y medio de coparticipación municipal que los intendentes perdieron es un volumen de fondos cuya disponibilidad no está garantizada; esto es, no habría un  avance del Ejecutivo Provincial sino una imposibilidad real de financiar acciones con esas partidas.

Es plausible la determinación de dominar el déficit fiscal, como ha declarado el gobierno con un paquete de medidas que tiene su correlato en el presupuesto convertido en ley ayer por el Senado. Desde la sociedad lo que se aguarda es que efectivamente se actúe en consecuencia y no se caiga en la tentación del endeudamiento.

Para generar la confianza en que se hará un esfuerzo compartido, falta el reconocimiento -no sólo del impacto de decisiones del gobierno nacional- sino de criterios erróneos propios de gestión, que deben ser enmendados. Pero también expuestos.

Salta, 22 de diciembre de 2017

 

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