Presencia

Opinion 21 de diciembre de 2017
Tras el vendaval de violencia que paralizó a buena parte de la población frente a las pantallas de televisión, la tensión no ha aflojado. Encuentra resquicios por dónde dejar salir la presión, pero son los mismos que sirven para potenciarla sumando nuevas razones para alterar la paz social.
manteros 2

El triunfo electoral nacional de Cambiemos este año animó a ese sector político a aprovechar esa legitimación para imponer tres reformas de alto impacto social. La más compleja, porque no deja sector al margen, ya es ley y la tributaría alcanzaría ese estatus antes de cerrar el año.

El propósito oficialista no claudicó frente a una importante movilización y si bien puede considerarse que dañó la imagen triunfante del gobierno, nadie pudo usufructuar ese deterioro. La alternativa es inviable; hay sobrada experiencia de violencia política en el país.

Pese al efecto arrasador en la atención pública, el tratamiento parlamentario de la reforma previsional no desplazó reclamos y denuncias de otras situaciones complicadas como la que emergió de la aprobación del Presupuesto Provincial 2018. En la propuesta de gastos y recursos girada por el Ejecutivo quedó plasmada la severa crisis fiscal, que está rompiendo el hegemónico frente de los intendentes.  La escasez de recursos quitó sustento a  un proceso de fortalecimiento de la autonomía municipal que se desarrolló en los pasados diez años.

A ese frente político inquietante se suman demandas sociales no menos significativas, que van desde el reclamo de mejoramiento en materia de ingresos para grupos que viven por debajo de la línea de pobreza a la denuncia por la profundización de un modelo que margina a las franjas populares.  Entre las primeras se ubican las movilizaciones de sectores que dependen  de recursos públicos, como el de trabajadores del Estado y cooperativas o mutuales que no han logrado romper ese lazo.

Pero también hay que inscribir en ese marco a los operadores de la economía informal, cuyo número les permite visibilizarse  afectando la cotidianeidad de los vecinos. Es el caso de los llamados manteros, que hoy han hecho el último intento por preservar su espacio en la calle para aprovechar el consumo estacional.

No se agota allí la ronda de movilizaciones. Hoy también manifestarán los que denuncian la criminalización de la protesta social  y hacia el fin de semana, los que han agotado su tolerancia ante la mala calidad de la prestación de servicios esenciales, como el agua.

La proximidad del cierre de año, que suele generar festejos varios, también promueve que cada día se convierta en una jornada inflamable. Son los momentos en que la dirigencia política, especialmente la que tiene responsabilidades de gobierno, imponga cordura y sensatez y tenga presencia en todas las situaciones  que el ciudadano común no puede resolver.

Salta, 21 de diciembre de 2017

 

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