Violencia

Política 15 de diciembre de 2017
En una carta titulada "El diálogo es el único camino”, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina hizo un llamado al diálogo. Fue motivado por los hechos que ayer conmovieron a la sociedad, cuando se frustró la sesión de la Cámara de Diputados que debía tratar la reforma previsional.
1513318858043

La jerarquía eclesial advirtió en su documento sobre una creciente violencia política, que ayer no solo se ha registrado en las calles, sino que ha llegado incluso al interior del Congreso impidiendo su normal funcionamiento. Y expresó su convicción que para responder a las muchas urgencias y angustias de los sectores sociales más frágiles, especialmente los jubilados, y para construir una sociedad justa y equitativa, no existe la opción diálogo o violencia.

La Iglesia Católica puso sobre el tapete un tema que dominó la segunda mitad del Siglo XX. Se trata de la violencia política, que justificó la represión que en las décadas de los 60 y 70 produjo un daño que no se terminó de reparar en amplias franjas sociales.

A casi medio siglo de hechos no solo repudiables sino revulsivos, hay una amplia producción académica, además de la lectura política de testigos y protagonistas de lo acaecido, que hoy debiera servir para la interpretación de lo que está sucediendo. El ciclo de violencia política que se abrió hacia fines de los 60, se caracterizó por una intensa movilización social y un proceso de radicalización de las protestas que justificó el accionar de organizaciones político-militares que eligieron la lucha armada como principal método de acción, que trajo como consecuencia una escalada represiva estatal y paraestatal para reducir los niveles de conflictividad social.

Coinciden algunos sociólogos, politólogos e historiadores en que la violencia política desplegada en los 70, tuvo legitimación social por lo que fue aceptada como una práctica política normal. Pero también advierten que para esta naturalización, tuvo que suceder un debilitamiento de las formas de la democracia institucional. En poco más de una década, lo que se posibilitó es la instalación del terror como principal mecanismo de disciplinamiento social.

La historia demuestra que no se puede establecer la violencia como un medio para la consecución de fines que pueden ser legítimos y que quienes tienen responsabilidades institucionales no pueden abandonar las formas claramente establecidas por la Constitución, que consagra a la democracia como el sistema de vida nacional.

En su llamamiento al diálogo, la Iglesia insiste en que únicamente a través del respeto por las instituciones democráticas, que garantizan un diálogo al servicio del bien común, será posible superar las dificultades que agobian al pueblo. Asó lo deben entender quienes están exponiendo justificativos para el bochorno de la sesión frustrada, para la violencia desbordada del reclamo y para los excesos represivos.

Salta, 15 de diciembre de 2017

Te puede interesar