SIDA

Opinion 01 de diciembre
La Organización de Naciones Unidas se ha fijado como meta erradicar los contagios del SIDA para el año 2030. En esta jornada –dedicada a concientizar al mundo sobre esta pandemia- la atención se fijó en las cifras del problema y lo que muestran es particularmente preocupante.
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Latinoamérica es una de las regiones más afectadas, especialmente porque la lucha ha ingresado en una meseta mientras que en otros lugares del planeta hay una mejoría. Un caso es África, el continente desde donde se expandió la enfermedad- hay registros de un alentador declive de los índices.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas ONUSIDA contiene los datos más relevantes que indican que el pasado año cerró con más de 36 millones de personas infectadas; de ellas, dos millones son niños. De ese total, el 5% pertenecen a esta región y 122 mil viven en la Argentina.

Lamentablemente, las cifras del país son crecientes, al igual que en el resto de la región. Mientras las autoridades sanitarias advierten que el diagnóstico temprano mejora las posibilidades de una mayor calidad de vida para quienes están infectados y se disminuye la posibilidad de contagio, hay oídos sordos en la sociedad. O lo que es peor, hay una marcada dificultad para poder desarrollar conductas de cuidados.

 La siniestra cadena de los grandes problemas sociales tiene al SIDA como uno de sus eslabones que se engancha a la pobreza y a otras enfermedades vinculadas. Pero también, y así lo indica el informe ONU Sida para América Latina, la violencia y la discriminación son promotores de su desarrollo.

El médico brasileño Luiz Loures, director adjunto de ONUSida, planteó la necesidad de hacer un trabajo más fuerte para terminar con la violencia contra la mujer, que es una epidemia más importante que la epidemia del VIH. El crecimiento en el número de contagios se da en mujeres jóvenes y homosexuales hombres, que viven la misma situación de discriminación. La gente que es discriminada se esconde de la sociedad y no participa en programas de prevención.  Las mujeres que sufren violencia tienen un riesgo de contagio de 30% a 50% mayor que el resto.

Y Salta tiene lo suyo, tanto en materia de violencia de género como de enfermedad. El dato más actualizado es que en los diez primeros meses del año, el programa de VIH, ITS y Hepatitis Virales realizó 2.185 pruebas voluntarias a personas de ambos sexos, en diferentes campañas de testeo efectuadas en distintos puntos de la provincia y registró 566 personas con diagnóstico positivo.

Ante la complejidad del tema, está visto que lo hecho no es suficiente y de ello deben hacerse cargo los distintos poderes del Estado y la sociedad, a través de sus instituciones más representativas. No hay que dejar de batir el parche porque el SIDA no fue una moda. Es un drama de estricta actualidad.

Salta, 01 de diciembre de 2017

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